¿Qué tiene de cierto la expresión «no te hagas mala sangre»?

Analizamos con el IDIBELL el refranero catalán


Seguro que alguna vez ha oído la expresión “no te hagas mala sangre”, haciendo referencia a alguien que está muy preocupado o irritado por algún motivo. Pero, ¿qué significa realmente esa expresión? ¿Tiene alguna base científica?

Al preocuparse o exaltarse, nuestro cuerpo produce una sustancia llamada cortisol, conocida popularmente como “la hormona del estrés”. Esta molécula es la encargada de activar la respuesta natural de alerta o peligro en nuestro organismo, pero si se encuentra en la sangre de forma constante, puede acabar teniendo consecuencias nocivas para nuestra salud. ¡Te lo explicamos!

El estrés circula por la sangre

Cuando nos encontramos con una amenaza o factor estresante, ya sea un ruido repentino que nos asusta o una idea que nos preocupa y nos vuelta por la cabeza, el cuerpo activa una combinación de señales nerviosas y hormonales para poder hacerle frente. Estas señales se traducen en la liberación de hormonas como la adrenalina y el cortisol, que activan el cuerpo para que se consiga adaptar a la amenaza y, eventualmente, superarla.

Mientras la adrenalina aumenta la frecuencia cardíaca, eleva la presión arterial y aumenta los suministros de energía, el cortisol se encarga de asegurar la actividad de las funciones esenciales en una situación de alarma, como llevar glucosa al cerebro o reparar tejidos. Por contrapartida, limita las funciones no esenciales como los sistemas inmunitario, reproductor o digestivo.

Sobreexposición al estrés

Una vez ocurre el peligro, los niveles hormonales vuelven a la normalidad, es decir, que la respuesta del organismo es autolimitante. El problema aparece cuando estos estresantes están siempre presentes y el cuerpo se encuentra en un estado de alarma constante, puesto que la sobreexposición a estas hormonas puede llegar a causar problemas de salud a largo plazo.

El cortisol "viaja por nuestra sangre mientras sufrimos estrés psicológico", explica Cristian Ochoa, investigador principal del grupo Psicooncología y Salud Digital del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL). "Si este estrés se cronifica y perdura en el tiempo, el cortisol puede ser nocivo para nuestra salud" y provocar patologías como la ansiedad o la depresión, entre otras, concluye.

Por tanto, la expresión “no te hagas mala sangre” sí tiene una base científica. Las situaciones estresantes generan una respuesta de alerta al organismo, y si no se resuelven pueden terminar en problemas de salud.

Escuchar nuestras emociones

La salud mental es la base para el bienestar y el funcionamiento efectivo de las personas y de las comunidades y se convierte en un aspecto indisociable del concepto de salud: no se puede tener un buen estado de salud sin una buena salud mental, tal y como indican la Organización Panamericana por la Salud (OPS) o Cruz Roja Española.

Un estado de alerta constante es capaz de alterar nuestros niveles de cortisol en sangre, llevando así a desequilibrios en nuestra salud, que se pueden trasladar a afectaciones tanto físicas como psicológicas. Así pues, "es muy importante escuchar nuestras emociones, intentar entenderlas y aprender a gestionarlas de forma saludable para evitar las consecuencias negativas que pueden tener en nuestra salud física y mental" concluye Ochoa.