Redes sociales: ¿cómo impactan en la salud y el desarrollo de los menores?
Ofrecemos datos verificados sobre el uso de redes sociales por parte de niños y adolescentes, recopilamos la evidencia científica más reciente sobre su impacto en la salud mental y el desarrollo, y analizamos las medidas para reducir los efectos perjudiciales.
Por Laura Cercós, Marc Masip, Sílvia Pascual y Mariona Pina
16 de septiembre 2026
Soluciones
Ante las evidencias de que ciertos usos de los teléfonos móviles y las redes sociales pueden tener efectos perjudiciales durante la infancia y la adolescencia, son varias las soluciones que se proponen para contrarrestarlos. Más allá de limitar el tiempo de las pantallas para dedicarlo a otras actividades, muchas medidas que se plantean van dirigidas precisamente a limitar el acceso a estas plataformas, reformarlas o exigir responsabilidades a las empresas que las gestionan.
Desde la comisión de psiquiatría sobre la salud mental en jóvenes de The Lancet, señalan que es necesario “un movimiento transformador urgente […] para abordar adecuadamente la crisis de la salud mental juvenil” que tenga en cuenta los impactos del “auge de los teléfonos inteligentes, las redes sociales y el aumento del tiempo dedicado a los dispositivos digitales y las nuevas tecnologías (sobre todo la IA)” y, entre otras medidas, recomiendan “desarrollar políticas para limitar los daños causados a la salud mental juvenil por las plataformas de redes sociales y los teléfonos inteligentes”.
¿Prohibición, una solución real?
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ha anunciado el 16 de septiembre de 2026 que prohibirá el acceso a las redes a menores de 13 años, y que hasta los 15 años sólo se podrán crear cuentas bajo supervisión parental con restricciones, como por ejemplo, límite de tiempo. España, por su cuenta, había anunciado a principios de este 2026 la prohibición del acceso a las redes sociales a toda persona que no haya cumplido los 16 años.
Esta medida se alinea con la de países como Australia, pionera en limitar la edad de acceso para «proteger a los jóvenes australianos de las presiones y los riesgos a los que pueden estar expuestos» tanto por el diseño de estas plataformas que «les animan a pasar más tiempo delante de las pantallas» como por el «contenido que puede perjudicar su salud y bienestar».
Sin embargo, como hemos explicado desde Verificat, la comunidad científica todavía no ha estudiado los posibles efectos de una prohibición de estas características y son medidas que por ahora no cuentan con un consenso científico amplio que las apoye, pero tampoco que las rechace.
Por un lado, como se recoge en la sección Salud Mental de este especial, no existe una evidencia fuerte que haya demostrado causalidad directa entre las redes sociales y perjuicios concretos. También porque no está claro que la prohibición se lleve a cabo de manera efectiva. De hecho, en Australia el 61% de adolescentes de entre 12 y 15 años todavía tienen acceso a una o más cuentas de redes sociales pese a la prohibición, según una encuesta a más de 1.000 adolescentes hecha por la Fundación Molly Rose. En el informe de la encuesta, apuntan que «en la mayoría de los casos, las plataformas no han logrado identificar ni eliminar las cuentas de menores de 16 años» y que la medida «corre el riesgo de ofrecer a los progenitores una falsa sensación de seguridad”.
Un documento de trabajo de la Universidad de Chicago, que encontró que sólo uno de cada cuatro de los más de 700 jóvenes encuestados de entre 14 y 15 años en Australia cumplía con la prohibición, señala que «perciben a quienes cumplen como menos populares que quienes no cumplen» y apuntan que para mejorar el grado de cumplimiento de la medida será necesario «combinar la prohibición con instrumentos que actúen directamente sobre las normas sociales y los incentivos individuales».
A esto se suma ahora la evidencia de un estudio observacional de seguimiento a cerca de 400 adolescentes publicado este mes de junio en la revista BMJ, que corrobora que “se encontraron pocas pruebas de reducciones sustanciales inmediatas en el uso de las redes sociales por parte de adolescentes menores de 16 años” y que el 85% continuaba teniendo acceso.
Sin embargo, más allá de si la prohibición se cumple, el caso australiano es demasiado reciente para tener resultados sólidos sobre los beneficios a largo plazo que pueda tener en la población infantil y adolescente. Sin embargo, en salud pública, «el estándar de decisión nunca ha sido la certeza causal absoluta, sino la convergencia de evidencia suficiente para justificar una acción preventiva proporcionada», apunta el informe de 2026 de la Plataforma Control Z, citando textos del epidemiólogo británico Austin Bradford Hill. Este tipo de políticas se adoptan siguiendo el principio de precaución, establecido como 15º principio en la declaración de Río de las Naciones Unidas en relación al medio ambiente. Según éste, “cuando exista un peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no debería utilizarse como motivo para posponer la adopción de medidas eficaces”. La Organización Mundial de la Salud también sostiene, de forma análoga, que la incertidumbre científica no debería retrasar el establecimiento de medidas para garantizar la protección sanitaria.
Este criterio ya ha guiado la implementación de otras regulaciones, como las restricciones en el uso de ciertos pesticidas o de posibles disruptores endocrinos como el bisfenol A (BPA).
Medidas en casa para limitar las pantallas
Lo que ven los niños y niñas y cómo lo miran ha cambiado de forma drástica durante los últimos 20 años, ahora que los smartphones y las pantallas son mucho más comunes en los hogares; en 2006 sólo un 55,9% de las viviendas tenían ordenador, y un 87,2% tenían un teléfono móvil, mientras que en 2025 el porcentaje de hogares con ordenador se encaramó hasta el 83,8% y prácticamente no hay ningún hogar sin smartphone (son el 99,4%), según datos del INE.
El ecosistema digital actual, formado por la televisión, Internet, las redes sociales, los videojuegos y los asistentes interactivos, incluye «diseños basados en la participación que son inmersivos, omnipresentes y mercantilizados», señala la declaración de políticas de la Academia Americana de Pediatría Ecosistemas digitales, niños y adolescentes (2026), que incluye una serie de recomendaciones para familias, profesionales, industria digital y responsables políticos para “promover un ecosistema digital más centrado en el niño” .
Las recomendaciones oficiales del Ministerio de Juventud e Infancia, por ejemplo, son claras: cero pantallas hasta los tres años y un uso prácticamente nulo hasta los seis. Desde el Colegio de Médicos de Barcelona incluso se pide evitar el uso del móvil en el momento de amamantar al bebé para priorizar el contacto visual y la expresividad con la criatura.
En la misma línea, desde la Asociación Española de Pediatría (AEP) también se han publicado un conjunto de recomendaciones similares para familias y niños según sus edades que como líneas generales incluyen:
- Hacer un buen uso de los medios digitales para fomentar la salud y el bienestar
«El objetivo para obtener las ventajas y disminuir los riesgos que impactan sobre la salud y el bienestar es hacer un buen uso de los medios digitales», remarca el Plan Digital Familiar de la Asociación Española de Pediatría. Recomiendan, por ejemplo, apagar los dispositivos electrónicos que nadie esté utilizando o limitar el tiempo de uso de pantallas.
Por el contrario, uno de los usos potencialmente dañinos que más se ha estudiado es utilizar las pantallas para calmar el malestar en criaturas pequeñas. Esta práctica se ha asociado con una mayor reactividad emocional y dificultades en la regulación emocional en etapas posteriores del desarrollo, y se ha observado que las criaturas con menos control emocional utilizaban las pantallas durante más tiempo a los dos años de seguimiento. Además, una exposición temprana a pantallas mayor, especialmente pasiva, prolongada o que sustituya a la interacción con personas adultas, se asocia con peores resultados en lenguaje, cognición y cribados del desarrollo.
- Crear zonas libres de pantallas y tiempo de desconexión
Desde la Asociación señalan que la desconexión “ayuda a toda la familia a mantener un equilibrio entre lo que está dentro y fuera de la pantalla y evita riesgos como el abuso o las conductas adictivas”. Proponen potenciar actividades sin pantallas y evitar su uso en el dormitorio, el baño, durante la hora de comer, y en las zonas de juego.
Una de las medidas que tiene más evidencia científica sobre sus beneficios es lo que se conoce como “desintoxicación digital«, que consiste en la desconexión periódica de las redes sociales o Internet y en estrategias para reducir el uso de dispositivos digitales. De hecho, de acuerdo con los datos de Unicef España, más de la mitad de adolescentes, tanto en Catalunya como en el conjunto del Estado, manifiestan cierta necesidad de desconexión digital.
Un ensayo controlado aleatorizado demostró cómo eliminar el acceso constante a internet a través de los smartphones durante 2 semanas podía afectar al funcionamiento psicológico y mejorar la salud mental, el bienestar subjetivo y la capacidad objetivamente medida de mantener la atención. «Cuando las personas no tenían acceso a internet móvil, pasaban más tiempo socializando presencialmente, haciendo ejercicio y estando en contacto con la naturaleza», señala el estudio.
La reducción del tiempo de pantalla en la infancia también tiene sus beneficios, como demuestra este metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados de intervenciones para reducir el tiempo de pantalla entre 0 y 7 años en China. Otras intervenciones controladas también han demostrado que reducir el uso de pantallas mejora el sueño en niños de entre 16 y 30 meses y disminuye los problemas de comportamiento internalizantes y mejora las interacciones sociales positivas tanto en niños y niñas como en adolescentes.
Sobre el acceso a las redes, también un metaanálisis de 32 ensayos controlados aleatorios concluyó que «hubo una asociación significativa entre la restricción del uso de las redes sociales y la mejora del bienestar subjetivo general».
- Tener ocio digital con contenido de calidad
La evidencia actual sugiere que algunos contenidos, sobre todo fantásticos y de ritmo rápido, pueden captar fuertemente la atención de los niños e interferir temporalmente en las funciones ejecutivas, ya que el cerebro infantil tiene unas capacidades limitadas para procesar la información y controlar la atención en comparación con el de las personas adultas.
Las recomendaciones de la AEP incluyen escoger una programación de calidad, con contenidos apropiados a la edad y con presencia adulta siempre que sea posible, y fomentar el uso creativo de las tecnologías en lugar de un uso pasivo.
Reformar las redes y plataformas digitales: quitar la atención del centro
El hallazgo conceptualmente más relevante de la literatura reciente (que el tiempo total de pantalla no predice los desenlaces graves, pero un patrón de uso adictivo potenciado por el diseño de las plataformas sí) desplaza la responsabilidad de la conducta individual de menore y familias hacia el diseño de las plataformas.
A partir de esta premisa, son diversos los organismos internacionales que reclaman que los diseños de los servicios digitales pongan en el centro los derechos y necesidades de niños y jóvenes, en lugar de que el diseño esté centrado en captar la atención de los usuarios y usuarias. Así lo reclama, por ejemplo, el informe de la OCDE Hacia la seguridad digital desde el diseño para niños que propone acciones como utilizar mecanismos de verificación de edad que funcionen; prevenir y detectar daños; proteger la privacidad y los datos personales de menores; o facilitar los canales de quejas.
En este sentido, la Academia Americana de Pediatría también hace una serie de propuestas concretas para realizar un diseño de las plataformas menos perjudicial para la infancia y la adolescencia.
El papel de la justicia y la legislación para exigir responsabilidades a las plataformas
El enfoque que responsabiliza a las plataformas de un diseño potencialmente perjudicial requiere de un marco normativo que lo regule. Es con esta idea que, dentro de la Agenda Digital de la UE, el Consejo Europeo aprobó la Ley de Servicios Digitales (DSA, del inglés Digital Services Act) en 2022.
La DSA tiene como objetivo «proteger el ámbito digital de la difusión de contenidos ilícitos y garantizar la protección de los derechos fundamentales de los usuarios y usuarias», e introduce obligaciones de transparencia y diligencia a servicios en línea, incluidas las redes sociales. Concretamente, la normativa marca una serie de normas de necesario cumplimiento para las grandes plataformas en línea (VLOP en inglés) y los grandes motores de búsqueda (VLOSE en inglés) que tengan más de 45 millones de usuarios y usuarias mensuales en la UE.
Según establecen los artículos 34 y 35, estas grandes plataformas son responsables de detectar y mitigar «riesgos sistémicos» que se deriven de su diseño o funcionamiento, como puede ser “cualquier efecto negativo real o previsible en relación con la protección de la salud pública y los menores y las consecuencias negativas graves para el bienestar físico y mental de la persona”.
La lista de las plataformas que la Comisión supervisa bajo la DSA incluye en mayo de 2026 un total de 24 plataformas digitales y 2 motores de búsqueda. Una vez se incluyen en esta lista, estos servicios digitales tienen cuatro meses para cumplir con la DSA.
Bajo este marco, la Comisión Europea ya ha iniciado investigaciones y ha publicado informes preliminares que apuntan a que las plataformas infringen la DSA por diferentes motivos. En febrero de 2026 señaló (de forma preliminar) que TikTok no ha evaluado ni mitigado el impacto perjudicial de funciones adictivas (como elscroll infinito, la reproducción automática, las notificaciones push y su sistema de recomendación altamente personalizado) en el “bienestar físico y mental de sus usuarios y usuarias, incluidos menores y adultos vulnerables”.
En abril de 2026 otro informe preliminar señalaba que Instagram y Facebook de Meta también incumplen la DSA por no identificar, evaluar y mitigar diligentemente los riesgos que supone que menores de 13 años accedan a sus servicios. En julio de 2026, la Comisión fue un paso más allá y encontró de manera preliminar que el diseño adictivo de Instagram i Facebook, similar al de TikTok, también inclumple la DSA..
También se han iniciado diligencias contra X (antiguo Twitter), por el uso de Grok en la creación y difusión de material que representaba abuso sexual infantil. Paralelamente, la fiscalía de París también ha abierto una investigación en 2026 contra X por cargos que incluyen complicidad en la posesión y distribución de imágenes de abuso sexual infantil y recopilación ilegal de datos personales, según informa Associated Press.
Sin embargo, las acciones legales que se han llevado a cabo hasta ahora son pocas y se basan en sanciones económicas. Es el caso de la multa de 120 millones de euros a X por el «diseño engañoso de su «marca de verificación azul», la falta de transparencia de su repositorio de publicidad y la falta de acceso a datos públicos para investigadores y investigadoras», explican en la nota de prensa de la Comisión Europea.
Entre los expertos en derecho digital, la DSA ha dado lugar a interpretaciones contradictorias: algunos actores esperaban que fuera más exigente, mientras que otros afirmaban que las obligaciones propuestas no están justificadas, tal y como apunta un análisis de la Universidad de Bologna y la Universidad de Oxford de la literatura sobre el tema.
Una de las críticas a la normativa actual es la falta de concreción terminológica de los riesgos y que, en lugar de abordar directamente la vulneración de los derechos fundamentales, únicamente exige a las empresas que evalúen sus efectos negativos. De cómo este enfoque puede beneficiar a las grandes tecnológicas a la hora de adaptarse a la normativa sin renunciar a sus intereses también advierte la experta Rachel Griffiths en la revista European Law Open de la Cambridge University Press.
El debate sobre cómo se aplica la DSA y qué beneficios tendrá en la ciudadanía europea todavía está abierto y es necesario, apuntan en el análisis, ya que puede servir de ejemplo para que otros países fuera de la UE también regulen los servicios digitales y se reduzcan los riesgos potenciales de forma global, pero especialmente entre las poblaciones más vulnerables.