Redes sociales: ¿cómo impactan en la salud y el desarrollo de los menores?

La prohibición de las redes sociales para menores de edad se ha convertido en una medida popular. Siguiendo los pasos de Australia, pionera en limitar la edad de acceso a los menores de 16 años, la Comisión Europea propone prohibir el acceso a redes a los menores de 13 años en todos los estados, después que gobiernos como el español o el francés anunciaran restricciones similares.

Con la intención de proteger a niños y adolescentes tanto de la exposición a contenido perjudicial para su salud y bienestar, como del diseño adictivo de estas plataformas, ahora el debate ya no se centra sólo en cómo afectan las horas de exposición a las pantallas. Pero, ¿qué evidencia hay realmente detrás de esta preocupación y lo efectivas que pueden ser estas medidas?

El tema está rodeado de dudas, mitos y ruido que dificultan la toma de decisiones, tanto en familias y escuelas como en entornos responsables de elaborar las políticas y regulaciones pertinentes. Verificat ha recogido en este especial los últimos datos, estudios y consensos basados ​​en la evidencia científica que contribuyen a tener un debate libre de desinformación.

¿Qué se sabe y qué no de los efectos de las redes sociales?

Actualmente, en España, la edad de acceso al primer smartphone se produce antes de los 12 años, justo en el paso de primaria a secundaria. Aunque esto no implica un acceso directo a las redes, estos dispositivos son su principal vía de entrada y, como se detalla en la sección Los datos, el uso de las redes sociales por parte de menores de edad en España y Catalunya es masivo.

Según la evidencia recogida en el apartado Salud mental, el tiempo total de pantalla no predice qué consecuencias tendrá en la salud y bienestar infantil y juvenil, y no existe una evidencia fuerte que haya demostrado causalidad directa entre las redes sociales y perjuicios concretos. Sin embargo, sí que se han encontrado asociaciones entre un patrón de uso adictivo potenciado por el diseño de las plataformas y un empeoramiento de la salud mental.

De hecho, el uso intensivo de las redes sociales contribuye a una caída importante del bienestar en la población de menos de 25 años, particularmente en los y las adolescentes de los países de habla inglesa y Europa occidental, según concluye el Informe Mundial de la Felicidad de 2026 de las Naciones Unidas.

La infancia y la adolescencia, sobre todo entre los 11 y los 15 años, son dos etapas especialmente sensibles a los efectos de estas plataformas, que tienen elementos como el scroll infinito (la posibilidad de consumir contenidos desplazando la pantalla sin llegar nunca a un final), algoritmos personalizados, notificaciones y sistemas de recompensa social que pueden reforzar patrones de uso problemático.

En estas etapas esto puede alterar actividades esenciales para el bienestar, como el sueño o la actividad física, y tener implicaciones en la capacidad de atención, aprendizaje y rendimiento académico, como detallamos en el apartado Educación.

De la digitalización de las aulas a recuperar el valor de lo analógico

La preocupación al respecto ha llevado a los sistemas escolares europeos a aplicar desde prohibiciones estrictas hasta el uso condicional o supervisado del teléfono móvil dentro de los centros educativos. 

Por otra parte, el empeoramiento progresivo de la adquisición de competencias básicas en matemáticas, comprensión lectora y ciencias entre el alumnado de 15 años, al tiempo que las competencias digitales mejoraban, ha llevado a replantear qué papel deben tener las nuevas tecnologías en las aulas. Ante la evidencia de que no suponen una ventaja en todos los casos, países pioneros en la digitalización educativa a principios de siglo, como Suecia, Dinamarca o Noruega, han tomado medidas para limitar la presencia de pantallas y potenciar de nuevo herramientas analógicas como los libros. 

En Catalunya, el Departament d’Educació ha restringido completamente el uso de los dispositivos móviles en las etapas de educación obligatoria a partir del curso 2025-26 y se ha impulsado el Plan de digitalización responsable, que busca mantener «un uso moderado de los dispositivos» y centrarlo «en aquellos usos que realmente favorecen el aprendizaje».

¿Qué soluciones funcionan?

Una de las medidas para hacer frente a los potenciales efectos dañinos de las redes ha sido la prohibición de acceso a menores de 16 años. El gobierno español lo ha anunciado siguiendo el hilo de otros países como Australia. Ahora bien, todavía no existen estudios que permitan saber qué beneficios puede tener esta medida concreta a largo plazo, y si realmente se está cumpliendo. Las primeras encuestas al respecto apuntan que las plataformas no han logrado identificar ni eliminar las cuentas de menores de 16 años y que la mayoría de adolescentes todavía siguen teniendo acceso a sus perfiles.

La regulación y rendición de cuentas en estas plataformas es precisamente otra de las vías para encontrar soluciones. Desde la Unión Europea, se ha impulsado la Digital Services Act, un marco normativo que exige a las grandes plataformas analizar los riesgos que su uso comporta para las personas usuarias, y emprender acciones para mitigarlos.

En este sentido, la Comisión Europea ya investiga a TikTok, Instagram y Facebook (ambas propiedad de Meta) por no cumplir correctamente la normativa, y se han impuesto sanciones económicas a X por su falta de transparencia.

En la sección Soluciones, podréis encontrar tanto estas medidas como otras basadas en la evidencia científica y las recomendaciones de asociaciones pediátricas para aplicar en casa.