Redes sociales: ¿cómo impactan en la salud y el desarrollo de los menores?

En los últimos años, los teléfonos móviles han ganado protagonismo en la vida infantil y adolescente, aumentando la preocupación sobre los posibles impactos cognitivos que pueden tener ciertos usos, como el acceso a las redes, en unas etapas clave para el desarrollo cerebral y la formación académica.

Paralelamente, y mientras crecen las puntuaciones en competencias digitales del alumnado catalán y europeo, los resultados en habilidades básicas como la comprensión lectora llevan más de una década disminuyendo. Todo esto ha conducido a algunos países a frenar o incluso revertir el impulso para digitalizar las aulas iniciado años atrás, repensando el papel que deben tener las nuevas tecnologías en el aprendizaje y tomando medidas como la prohibición de los móviles dentro de los recintos educativos.

Los dispositivos digitales pueden favorecer o dificultar el aprendizaje: depende del contexto

Los potenciales efectos de los dispositivos digitales sobre el aprendizaje son complejos y no pueden entenderse en términos únicamente positivos o negativos. Varios informes que abordan el impacto de la tecnología en la educación, como los publicados por la UNESCO (2023) i Unicef (2025), señalan que, diseñadas con una finalidad pedagógica clara, las tecnologías digitales pueden facilitar la inclusión educativa, promover el trabajo colaborativo y ampliar el acceso a recursos didácticos, sobre todo por parte del alumnado que vive en zonas rurales o que presenta necesidades específicas de apoyo educativo.

Ahora bien, el informe de la UNESCO también subraya que, aunque la tecnología es muy prometedora para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje, «las pruebas del éxito son limitadas» y «es difícil atribuir resultados […] concluyentes y específicos al hardware [dispositivo físico] o en el software [programas concretos] ”.

De hecho, existe evidencia de que, especialmente cuando no hay intención pedagógica detrás, el uso excesivo de dispositivos digitales por parte de niños y niñas en edad escolar puede perjudicar su aprendizaje y rendimiento académico. Aunque sin poder establecer una relación causal, algunas investigaciones han encontrado asociaciones negativas pequeñas o moderadas entre el tiempo pasado frente a las pantallas y ciertas funciones cognitivas.

Por ejemplo, en un estudio canadiense publicat a The Lancet que incluía a más de 4.500 preadolescentes de entre 8 y 11 años, se encontró una mejor cognición global en aquellos que seguían las recomendaciones de actividad física (más de 1 hora al día), tiempo de sueño (de 9 a 11 horas por noche) y tiempo de ocio digital (menos de 2 horas al día) que en quien no lo hacía. Curiosamente, limitar el tiempo de exposición a los dispositivos digitales ya era suficiente para encontrar asociaciones significativas con una mejor cognición.

Una revisión exploratoria del 2025 de 33 estudios que analizaban el efecto del uso recreativo de pantallas sobre el aprendizaje halló una asociación pequeña entre el tiempo de exposición y una menor capacidad de concentración. Esta revisión proponía la alteración del sueño como una variable clave a la hora de interpretar estos efectos. Tal y como explicamos en la sección Salud mental, una de las consecuencias negativas más robustas del uso excesivo de pantallas es precisamente la reducción de la duración y la calidad del sueño, un factor básico en la consolidación de la memoria y el rendimiento cognitivo.

El contexto en el que se produce la exposición a las pantallas parece también modular el impacto global. Un metaanálisis de 2020 en el que se revisaban 42 estudios con menores de 12 años concluyó que, mientras la cantidad de horas de pantalla se asociaba a peores habilidades lingüísticas, la elección de programas educativos o el hecho de verlos en compañía de las personas cuidadoras revertía la tendencia. Una revisión posterior de 100 estudios publicada en la misma revista confirmaba el efecto protector de la co-visualización y añadía el consumo pasivo y la televisión «de fondo» a los factores con consecuencias cognitivas más negativas.

Interrupciones y multitarea digitales, un obstáculo para mantener la atención

Las evidencias actuales apuntan a que son algunos usos de los dispositivos digitales, más que los dispositivos en sí, los que pueden influir negativamente en procesos cognitivos esenciales para el aprendizaje, como la atención y la memoria.

El uso frecuente de los dispositivos, por ejemplo, introduce interrupciones cognitivas al consultarlos o recibir notificaciones, afectando negativamente a la capacidad para sostener la atención. Un estudio longitudinal que siguió a un grupo de más de 2.000 adolescentes durante dos años encontró una asociación entre la frecuencia con la que utilizaban medios digitales y la aparición subsiguiente de síntomas compatibles con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). De acuerdo con un metaanálisis publicado en 2023, la evidencia confirma una correlación positiva modesta entre síntomas de inatención e hiperactividad y un uso diario de pantallas de más de 2 horas. De forma inversa, se ha documentado que los niños, niñas y adolescentes con dificultades atencionales son especialmente vulnerables a desarrollar un uso problemático de la tecnología.

La fragmentación de la atención a causa de dispositivos digitales también se produce en momentos de estudio, afectando al rendimiento académico. En una investigación con más de 200 alumnos de primaria, secundaria y universidad, se detectó que, en un ambiente de estudio, los participantes cambiaban de tarea en menos de 6 minutos, principalmente a causa de distracciones tecnológicas que incluían el uso de las redes sociales. Una investigación posterior observó que las distracciones podían producirse aunque los dispositivos no se utilizasen, ya que la simple presencia de los smartphones reducía la capacidad cognitiva del estudiantado, sobre todo en quien mostraban mayor dependencia.

Las distracciones por el uso de teléfonos inteligentes en tareas no académicas también pueden ser un problema dentro de las aulas. Un estudio reciente, que ha seguido a 79 estudiantes de secundaria en Estados Unidos, ha evidenciado que el alumnado, de media, consultaba el móvil más de 60 veces y pasaba unos 40 minutos en las redes sociales durante la jornada escolar. Además, la frecuencia de consulta se asociaba a un peor control cognitivo.

De hecho, el diseño de las redes sociales, tal y como explicamos en la sección Salud mental, puede agravar los problemas atencionales. En un metaanálisis publicado en 2025, los autores y autoras aseveran que “la exposición repetida a contenido rápido y altamente estimulante puede contribuir a un proceso adictivo, en el que los usuarios se desensibilizan hacia tareas más lentas y que requieren más esfuerzo, como la lectura, la resolución de problemas o el aprendizaje profundo”, y que “esto puede […] debilitar la capacidad cerebral de sostener la atención en una sola tarea.” La evidencia analizada en este mismo artículo puso de manifiesto una asociación significativa moderada entre el consumo de vídeos cortos (de segundos a minutos) en plataformas como TikTok, Instagram y Youtube y una peor cognición, especialmente en lo que se refiere a la atención y el control inhibitorio, que permite resistir impulsos y respuestas automáticas. También encontraron asociaciones significativas, aunque más débiles, con una peor memoria y habilidades lingüísticas. Una revisión sistemática del mismo año asoció, en la misma línea, el uso excesivo de las redes con alteraciones en la atención, la memoria de trabajo y funciones ejecutivas, sobre todo entre adolescentes con patrones de uso adictivo. En cambio, en este caso, se informaba de que plataformas como Facebook o Youtube tenían beneficios potenciales en la memoria y habilidades lingüísticas cuando se utilizaban con intención educativa, evidenciando la importancia que tienen el tipo de uso y contenidos en el contexto de las redes.

La multitarea digital, es decir, el uso simultáneo de varios dispositivos y aplicaciones digitales, también ha sido señalada como origen de la fragmentación de la atención. Cambiar constantemente de tarea comporta un coste cognitivo elevado, obligando al cerebro a reconfigurar la atención y la memoria de trabajo, lo que reduce la eficiencia, aumenta los errores y dificulta la concentración. Un estudio publicado en 2009 en PNAS ya advertía que las personas que se consideraban multitarea filtraban peor las distracciones y, en la misma línea, otra investigación en jóvenes publicada en Nature en 2020 encontró que una mayor tendencia a la multitarea digital se asociaba con más lapsos de atención, vinculados a una peor memoria de trabajo. Una revisión de 2023 refuerza las conclusiones de estos estudios, relacionando de manera consistente la multitarea con un peor rendimiento en el control cognitivo.

En edades escolares, la investigación apunta en la misma dirección: una revisión del 2015 señalaba que “la investigación empírica muestra que estudiar, hacer los deberes, aprender en clase […] y el expediente académico probablemente se ven afectados negativamente por la multitarea digital”, mientras que una más reciente constata una asociación negativa entre multitarea y concentración y rendimiento académico.

De la digitalización de las aulas a la prohibición de los móviles

El uso generalizado de teléfonos móviles por parte de jóvenes y adolescentes, y la preocupación sobre la distracción digital, el rendimiento académico y los posibles efectos sociales y sobre la salud mental, ha llevado a los sistemas escolares europeos a aplicar desde prohibiciones estrictas hasta el uso condicional o supervisado del teléfono móvil dentro de los recintos educativos. Así lo refleja un informe de marzo de 2026 de la Red Experta en Economía y Sociología de la Educación y el Entrenamiento (ENESET, por sus siglas en inglés), un órgano consultivo experto financiado por la Comisión Europea.

Sólo siete países, entre ellos España, no cuentan con medidas estatales que prohíban o restrinjan su uso. En la mayoría de casos, la responsabilidad recae en los municipios o escuelas, excepto en el caso de España y Alemania, donde depende de cada comunidad autónoma o región. 

En Catalunya, el Departament d’Educació ha restringido completamente el uso de los dispositivos móviles en las etapas de educación obligatoria a partir del curso 2025-26. No permite su uso en ningún espacio del centro, ni siquiera con fines educativos. Esta prohibición generalizada es el último paso de una línea de restricciones crecientes que empezó dando la responsabilidad a los centros educativos y siguió prohibiendo los dispositivos en la ESO el 2024-25.

Estas medidas han supuesto un giro respecto al enfoque de años anteriores, que promovía la presencia de dispositivos electrónicos en las aulas con fines educativos para conseguir una mayor digitalización de la educación. De hecho, desde 2021, existe en la UE el Plan de Acción para la Educación Digital, que busca construir un ecosistema digital de calidad para la educación y aumentar las competencias digitales de profesorado y estudiantes, especialmente después de que la pandemia de la covid-19 acelerase el cambio hacia el aprendizaje online y híbrido.

El programa dibuja una hoja de ruta hasta 2027 con 14 acciones que cubren desde la inversión en infraestructuras por mejorar la conectividad, equipamiento digital y plataformas de aprendizaje de los centros hasta la formación en alfabetización mediática, con planes de actividades y recursos para fortalecer el pensamiento crítico del alumnado frente a la desinformación.

Sin embargo, se trata de un marco genérico cuya adopción y concreción depende de los Estados miembros. En España, desde el Ministerio de Educación y Formación Profesional español, lo han articulado a través del Plan de Digitalización y Competencias Digitales del Sistema Educativo, que aboga por mejorar los medios tecnológicos de que dispone la comunidad educativa y apuesta por la “integración” de las tecnologías en los procesos de enseñanza y aprendizaje. El enfoque es compartido generalmente entre los miembros de la Unión, con casos especialmente destacados:

Pero existen excepciones. Algunos de los países nórdicos, pioneros en la digitalización de las aulas a principios de siglo, han tomado recientemente algunas medidas que buscan rebajar la dependencia digital y reintroducir el aprendizaje basado en los libros y la escritura:

Más competencias digitales, menos habilidades básicas

Es difícil que las inversiones en tecnología educativa den sus frutos y tengan los efectos deseados sin un entorno político propicio y suficiente capacidad profesional a todos los niveles del sistema educativo, concluyen dos documentos de trabajo elaborados por la Universidad de Stavanger y publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que coordina las pruebas PISA para evaluar y comparar sistemas educativos. 

Precisamente las pruebas PISA de 2025 revelaron que un 20% de jóvenes de 15 años de los países de la OCDE (unos 16 millones de alumnos y alumnas) no alcanzan el nivel mínimo de competencia en matemáticas, lectura y ciencias. Un aumento respecto al 16% de las pruebas de 2022.

En el caso de Catalunya, los resultados en las PISA muestran una tendencia a la baja desde 2015 y en los de 2022 (los últimos datos comparables en ámbito catalán) el alumnado de Catalunya suspendió en las competencias básicas –como las matemáticas o la comprensión lectora– evaluadas. 

En cambio, los estudiantes catalanes de 2º de ESO aprueban con nota alta y puntuación por encima de la media española las competencias digitales, según el Estudio Internacional sobre Competencia Digital (ICILS, en inglés) de 2023. Esta evaluación valora la capacidad de los alumnos de usar las herramientas digitales para investigar, crear y comunicarse.

El informe de la Unión Europea que analiza los resultados “preocupantes” de las pruebas PISA anteriores, del 2022, encontró que, en general, un uso moderado de la tecnología en el aula se asocia con mejores resultados, mientras que utilizarla de forma excesiva perjudica el rendimiento académico. El informe no es capaz de establecer causalidad, pero sus resultados ilustran una tendencia en forma de U invertida. Esto coincide con la tendencia identificada en evaluaciones previas tanto sobre conjuntos de países como sobre casos concretos como los de España, China, Singapur o Hong Kong.

Por su parte, el Instituto Catalán de Evaluación de Políticas Públicas (Ivàlua) analizó en enero de 2025 cómo se había implementado el Plan de Educación Digital de Catalunya (PEDC), que terminó en 2023, y concluyó que tanto el alumnado como el profesorado han mejorado sus competencias digitales (aunque persisten diferencias socioeconómicas), pero que la digitalización casi universal ha dejado brechas: el profesorado citaba menores competencias en escritura y comprensión lectora en el alumnado, en línea con los datos de PISA, y en las evaluaciones externas se observó que el uso generalizado del ordenador en el aula comportaba distracciones y multitarea.

De hecho, los informes e investigaciones citadas señalan la multitarea y las distracciones derivadas del uso generalizado de ordenadores y dispositivos digitales como principales disruptores del rendimiento académico, en línea con lo que encuentran revisiones sistemáticas de artículos de investigación y estudios que preguntan al profesorado. Algunos estudios como este metaanálisis de 2024 también han encontrado que la comprensión lectora empeora con un soporte digital: entendemos y retenemos peor la información que leemos de una pantalla que la de un libro, un fenómeno conocido como «efecto de inferioridad de la pantalla». Ahora bien, el conflicto entre papel y pantalla en cuestión de aprendizaje parece no estar resuelto, como desglosa un comentario publicado por parte de la Asociación Europea de Pediatría en 2025.

Por su parte, el informe de 2023 de la UNESCO sobre la tecnología en las aulas concluye que «hay poca evidencia robusta del valor añadido de la tecnología digital en la educación» (página 27). El organismo internacional señala que su rápida evolución, unida a un despliegue limitado casi exclusivamente en los países ricos, dificulta una evaluación rigurosa y universal del material que se acaba empleando en el aula. Además, «mucha de la evidencia viene de aquellos que la intentan vender», añade el informe.

En el caso de Catalunya, y en el contexto de unos resultados PISA poco favorables, se busca ahora promover un «uso racional» de la tecnología a través del Plan de digitalización responsable, puesto en marcha en 2025 como continuidad del PEDC. Se quiere continuar promoviendo las competencias digitales en los centros, pero, al mismo tiempo, mantener un uso moderado de los dispositivos y centrarlo en aquellos usos que realmente favorecen el aprendizaje.

¿La prohibición de teléfonos móviles mejora el rendimiento académico?

En esta línea se encaja también la prohibición de los teléfonos móviles, una medida que cuenta con el apoyo de la mayoría de la población, según una encuesta llevada a cabo en el año 2025 por Ipsos (página 44) a una treintena de países de todo el mundo.

El acuerdo es mayoritario entre todas las franjas de edad, a excepción de la generación Z, donde sólo cuatro de cada diez dan su apoyo a la medida. En España, el 69% de las personas encuestadas se mostraba de acuerdo con prohibir los dispositivos móviles en los centros educativos.

Ahora bien, ¿cuáles son los impactos de esta prohibición en el rendimiento académico? La evidencia científica al respecto es reducida y muestra beneficios modestos en algunos países, sistemas educativos o subgrupos de estudiantes, pero en otros no se ve ningún efecto. 

Por ejemplo, un estudio de 2016 sobre escuelas de cuatro ciudades inglesas halló que la prohibición de los teléfonos móviles mejoraba el rendimiento en exámenes importantes, especialmente entre el alumnado con peor rendimiento. En el informe PISA 2025, se destaca que en las escuelas que aplican restricciones a estos dispositivos tienden a presentar menos niveles de distracció durante las clases de ciencias, así como menos tiempo dedicado a usarlos para ocio en la escuela, pero la relació entre estas políticas y el rendimiento en ciencias no está clara, y los estudiantes de los centros con prohibiciones presentan resultados similares o inferiores a los de sus compañeros.

Según apunta una revisión rápida de la literatura más reciente, de 2024, donde se ven efectos positivos más claros es «en el ámbito del bienestar social», más que en el rendimiento académico.

El informe de ENESET, de hecho, señala que “las políticas [de prohibición de los móviles de seis países analizados] fueron motivadas con mayor frecuencia por los problemas percibidos sobre el ambiente escolar, el bienestar y la distracción digital, que por efectos demostrados” sobre los resultados académicos.

Precisamente, la opinión del profesorado recogida en dicho informe señala “de forma consistente que las aulas libres de teléfonos permitían un compromiso más profundo con menos interrupciones”. En 2015 un estudio sobre el impacto de chatear ya presentaba conclusiones similares: “Enviar/recibir mensajes no relacionados con el contenido de la clase afectó negativamente al aprendizaje y toma de notas”. 

En otra revisión sistemática sobre distracciones digitales en la educación, los teléfonos inteligentes aparecían como los dispositivos más comunes que podían causar distracción y los estudios analizados revelaron que esto provocaba pérdida y dispersión de la atención, multitarea, hábitos de lectura poco eficaces y pérdida de contenido e instrucciones de la clase.

Otro de los beneficios que recoge el informe ENESET sobre la prohibición de los teléfonos es «una reducción del acoso digital en el ámbito escolar», puesto que impedía que se realizaran actos como «filmar alumnos en los vestuarios, o compartir imágenes inapropiadas», al tiempo que permitía romper el ciclo continuo de acoso digital durante las horas lectivas. Un estudio empírico sobre el impacto de estas políticas en Castilla-La Mancha y Galicia en 2015 ya vio que había “reducciones noticiables en la incidencia del bullying entre adolescentes».

Por el contrario, el informe de ENESET remarca algunos impactos negativos no esperados de la prohibición de los teléfonos móviles en las aulas, como una carga extra para el profesorado para hacer que se cumpla y dificultades en la implementación al no haber espacios protegidos donde guardar los dispositivos con seguridad. 

Por otra parte, las escuelas notificaron el uso de otros dispositivos digitales de las aulas como ordenadores o tabletas con fines no académicos, y la medida también supuso «un abandono casi total del uso de los teléfonos inteligentes con fines educativos en las escuelas», como por ejemplo en actividades de educación mediática y digital.

Las escuelas que aparecen en el informe tampoco vieron un aumento directo de las interacciones cara a cara en los momentos de recreo ya que «algunos alumnos han informado de que prohibir los teléfonos durante todo el día escolar cortó su conexión digital con amistades de otras clases, dejándolos aburridos y socialmente desconectados durante los recreos en vez de más integrados».

“Deberían hacerse esfuerzos colectivos para discutir la eficacia de estas estrategias y la necesidad de que futuras investigaciones identifiquen las intervenciones más efectivas, especialmente parael estudiantado de secundaria”, pide la revisión sistemática “Digital distractions in education” del 2025.