¿Qué tiene de cierto la expresión «se te pasará el arroz»?

Analizamos con el IDIBELL el refranero catalán


Seguro que has oído decir a alguna persona “se te pasará el arroz”, en relación con alguien a quien la sociedad considera demasiado mayor para casarse o tener hijos. La expresión suele emplearse especialmente en referencia a las mujeres. Pero, ¿qué tiene de cierto?

La edad no sólo condiciona la salud del bebé y de la madre durante el embarazo y el parto, sino que también supone un hándicap en cuanto a la fertilidad, ya que esta se ve reducida drásticamente con los años, tanto si hablamos de mujeres como de hombres. ¡Te lo explicamos!

¿Se nos puede "pasar el arroz"?

"La edad es uno de los factores de riesgo más importantes en la bajada de la fertilidad, aunque también afectan al estilo de vida, la dieta, y los factores ambientales y psicológicos", explica Anna Veiga, investigadora líder del Programa de Medicina Regenerativa del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL). La fertilidad de las mujeres disminuye drásticamente en torno a los 35 años, con una reducción significativa del número y la calidad de los óvulos. En cambio, "en los hombres, esta disminución no es tan importante, aunque la calidad del semen también va empeorando a lo largo de los años y puede afectar a la fertilidad, sobre todo a partir de los 40 años", añade la experta.

Por otro lado, este dicho no sólo se basa en las dificultades de conseguir un embarazo en estas edades, sino que también hace referencia a los posibles riesgos de gestar a un hijo cuando los progenitores son mayores de 35 años, entre los que encontramos una mayor probabilidad de aborto espontáneo, de parto prematuro o de anomalías genéticas —como las afecciones cromosómicas— en el recién nacido. En cuanto a la madre, esta podría presentar un mayor riesgo de diabetes mellitus y de presión arterial elevada durante el embarazo.

Además, aunque algunos expertos reconocen que la investigación tiende a estudiar los riesgos que la edad materna comporta ante el embarazo, lo cierto es que cada vez más investigaciones reconocen la importancia de la edad paterna en la salud de los bebés. De hecho, un metaanálisis de 2020 concluyó que esta está asociado con un mayor riesgo de anormalidades urogenitales y cardiovasculares por el recién nacido, así como con deformidades faciales o enfermedades cromosómicas. Otro estudio retrospectivo realizado en Estados Unidos entre 2007 y 2016 relacionó una edad paterna superior a los 45 años con mayor riesgo de nacimientos prematuros y convulsiones en los recién nacidos. Por tanto, podemos decir que tanto la edad materna como la paterna son dos factores de riesgo que condicionan la salud de los niños.

Sesgo de género

Aunque esta expresión sea cierta, tradicionalmente se ha utilizado con connotaciones negativas, generando presión social sobre las mujeres (1, 2) para tener hijos o casarse. El sesgo de género de este dicho todavía hoy en día propicia la aparición de efectos psicológicos como la ansiedad o la angustia por ser madres en las mujeres.

"No hace falta ir diciendo a nadie que se le pasará el arroz", apunta Veiga. La experta considera “conveniente explicarlo desde el ámbito científico y recomendar plantear la gestación en edades fisiológicamente favorables, o preservar la fertilidad mediante la congelación de óvulos y esperma para minimizar las dificultades a la hora de conseguir un embarazo”.

 

Envejecimiento de la población

Según los datos del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), la fertilidad a escala mundial ha caído en las últimas décadas, pasando de cinco nacimientos por mujer en 1950 a 2,3 en 2021 y las previsiones indican que seguirá en descenso. Esta tendencia ha ido acompañada de un aumento de la esperanza de vida de casi 28 años a nivel global en los últimos setenta años. Ambas tendencias opuestas son un indicador de cómo la calidad de vida y los derechos, particularmente de las mujeres, han permitido cada vez más la libre elección y la planificación familiar mediante el acceso a la educación o los métodos anticonceptivos, entre otros, tal y como indica la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su web.

La precariedad laboral y las circunstancias sociales también siguen propiciando este cambio en la demografía, ya que por mucho que los jóvenes quieran tener hijos, muchas veces no pueden permitírselo. De hecho, según la encuesta de fecundidad realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2018, el 79,2% de las mujeres españolas de 25 a 29 años aún no había tenido hijos en ese año, siendo las medidas de conciliación familiar y el horario laboral lo que más valoraban las mujeres empleadas con hijos en un puesto de trabajo.

Sin embargo, cabe remarcar que los escenarios son muy diferentes entre países y todavía existen desigualdades significativas entre las distintas regiones del mundo. Mientras que los países desarrollados son los que más sufren las consecuencias del envejecimiento poblacional, son los países de bajos y medios ingresos los que más sufren las consecuencias de la falta de derechos y libertades sociales.