Del meme al discurso de odio: cómo las redes disfrazan de humor la misoginia

Los memes virales usan personajes y estereotipos para ridiculizar el feminismo, presentar a los hombres como víctimas y difundir narrativas misóginas.

Los memes virales usan personajes y estereotipos para ridiculizar el feminismo, presentar a los hombres como víctimas y difundir narrativas misóginas.

Variaciones del meme de Wojak.
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Abres Instagram o TikTok. Una chica con el pelo de colores rechaza a un chico porque cree que es feo y pobre, pero se arrepiente cuando descubre que es rico. Siguiente vídeo. La misma chica le dice a una amiga que nunca tendrá hijos porque esclavizan a sus madres. Un chico, con cara de cansado, le dice que no habrá suficientes trabajadores, pero ellas defienden que la respuesta está en la inmigración. Aparece un chico racializado con una navaja, amenazándola. “¿Qué pasará si no tenemos hijos por culpa del feminismo?”, se pregunta el chico del principio con una sonrisa socarrona. Siguiente vídeo. Es 2030, y la chica feminista ahora lleva nicab, y el chico cansado ha emigrado.

Estas animaciones, hechas a partir de dibujos muy sencillos, acumulan miles de “me gusta” y pueden actuar como vehículos para los discursos de odio. Son memes que ridiculizan el feminismo, tachan de superficiales a las mujeres y consideran a la población extranjera como violenta, de modo que crean un imaginario donde los chicos blancos heterosexuales son las víctimas y los únicos que actúan racionalmente y con responsabilidad.

A través de una sola imagen o de vídeos breves, en clave humorística e irónica, estos discursos vinculados a la manosfera abordan temas de actualidad y de debate social, convirtiendo los memes en un vehículo para transmitir mensajes misóginos, xenófobos y antigubernamentales. Así, extienden y normalizan actitudes machistas, trivializan la violencia de género o impulsan a recuperar los roles de género tradicionales. “Los memes tienen el poder de afectar a la política, la economía y las interacciones sociales de un país”, describe la profesora del Hampshire College Viveca Greene, investigadora del uso de las redes por los discursos extremistas, en una mesa redonda sobre la instrumentalización de los memes.

Según una encuesta de Ipsos para el King’s College de Londres, que ha estudiado las actitudes de 29 países sobre el feminismo, el 44% de la población analizada considera que se ha promocionado tanto la igualdad de género “que ahora se discrimina a los hombres”. Una opinión concentrada, sobre todo, en los hombres de las generaciones más jóvenes: lo piensa el 57% de los chicos de la generación Z y el 54% de los millennials.

Arquetipos para ridiculizar y perpetuar estereotipos

Para las cuentas y usuarios que comparten memes de discurso de odio, la ideología dominante actual es la que llaman woke, etiqueta con la que engloban movimientos como el feminismo, el antirracismo y la acogida de migrantes, el ecologismo o la inclusividad. Según ellos, estas ideas desembocarán en el “colapso de la civilización” o la “quiebra de Europa”.

Esta cosmovisión, reducida a un puñado de arquetipos, se representa en redes mediante memes que explotan y modifican el personaje de Wojak. Según la enciclopedia colaborativa Know Your Meme, Wojak es una ilustración de origen desconocido que circula desde 2009 en el foro “políticamente incorrecto” del portal 4chan, conocido por los discursos radicales y extremistas que circulan en él. El personaje representa la “desesperanza, la depresión, el fatalismo y el nihilismo”, añade un artículo de Moriz Konrad publicado en la revista de Estudios Mediáticos de la Universidad de Bayreuth (Alemania).

Lo que empezó con una ilustración de Paint ha evolucionado hacia un universo Wojak, que incluye muchas caricaturas. Por un lado, los personajes identificados como feministas son mayoritariamente mujeres sin la capacidad de rebatir argumentos y que defienden el movimiento de forma irreflexiva. Así, aparece Art Hoe, una chica con el pelo naranja y un collar con las letras woke. Es la voz de la votante de Podemos (como pone en la bebida que lleva en la mano) y simboliza la supuesta decadencia estética y moral de la modernidad y del discurso feminista e inclusivo. También está la Charo, un personaje exclusivamente español, que estereotipa explícitamente a una funcionaria de mediana edad que vota al PSOE, y representa el feminismo institucional y el conformismo con el sistema.

Su contraria es Amelia, que abraza discursos antifeministas, antiinmigración y contra la corriente política dominante, y es la voz del discurso “basado”, un término que describe a alguien que dice lo que piensa sin miedo ni vergüenza porque sabe que tiene razón. En las interacciones entre los tres personajes femeninos, Amelia pretende desmontar el discurso feminista de Art Hoe y Charo, que son incapaces de rebatir sus argumentos, dándole la razón de forma implícita.

En el caso de los debates sobre las relaciones sociales aparece otro personaje femenino para antagonizar el feminismo, la Trad Wife, una mujer que representa el retorno a los roles de género tradicionales y el ideal de mujer femenina y sumisa.

En cambio, los hombres son vistos como víctimas del sistema, tanto en el plano social como en el económico, específicamente por culpa del feminismo, que los discrimina. Así, encontramos el personaje Doomer, que es el héroe trágico de los memes y representa a los chicos que han perdido la esperanza en el futuro y ve, desesperado, cómo la gente de su entorno que piensa como Art Hoe y Charo aboca a la sociedad al desastre.

Las interacciones y debates que protagonizan los personajes suelen destilar la idea de que las mujeres feministas actúan de manera egoísta e irracional, y que los hombres y las mujeres antifeministas acaban teniendo razón. Unos arquetipos que facilitan la comprensión instantánea de los roles sociales dentro del meme y normalizan narrativas específicas sobre género y migración.

Una ‘mujer de paja’ para criticar el feminismo

Los personajes funcionan como estereotipos visuales e ideológicos que encapsulan actitudes, valores y comportamientos sociales, reforzando ideas sobre la supuesta decadencia de Europa y de España. A través de la falacia del hombre de paja, aquí aplicada a las mujeres feministas, presentan el feminismo como una ideología hipócrita, que discrimina a los hombres y oculta qué quieren realmente las mujeres y cuál debe ser su función en la sociedad. Además, quienes lo defienden son presentadas como irracionales y movidas por la culpa de la “incorrección política”.

Estos contenidos cuestionan, entre otras cosas, las reivindicaciones y movilizaciones contra la violencia machista y la opresión de las mujeres, afirmando que solo se denuncian cuando el agresor no es extranjero, específicamente árabe; trivializan el acoso verbal en la calle y ponen en duda las denuncias por violencia machista. En algunos casos, critican o denuncian abiertamente el derecho al aborto.

Al mismo tiempo, estos contenidos presentan una visión reduccionista del feminismo, centrándolo en cuestiones superficiales o anecdóticas. En lugar de referirse a las desigualdades estructurales que denuncia el movimiento, lo presentan como una ideología que solo se preocupa por gestos individuales y simbólicos como que un hombre abra la puerta, o por críticas a la objetivación del cuerpo de la mujer o al acoso verbal en la calle, que califican de triviales.

A menudo acusan a las feministas de mentir y ser unas hipócritas, afirmando que exigen a los hombres comportamientos que ellas mismas no cumplirían, como no fijarse en el aspecto físico o en factores materiales en las relaciones.

El objetivo es, por un lado, hacer creer que el feminismo ha ido demasiado lejos, que se está discriminando a los hombres, y que el feminismo es una ideología vacía e irreflexiva, que se repite porque está de moda, pero que en realidad nadie pone en práctica.

Por otro lado, se vincula el feminismo a la teoría de la conspiración del Gran Reemplazo, que en Verificat hemos desmentido en el portal Las mentiras alimentan el odio. Esta teoría sostiene que hay un plan deliberado para reemplazar a la población europea blanca con personas migrantes, especialmente de países de mayoría musulmana.

Los simpatizantes de la teoría del Gran Reemplazo han identificado, por un lado, que movimientos como el feminismo defienden la tolerancia y aceptación hacia una migración que ellos consideran invasiva.

Por otro, han “identificado la tasa diferencial de natalidad (madres blancas vs. no blancas) como la principal estrategia de reemplazo” y, así, posicionan la “ideología feminista” como la fuerza impulsora y que “aliena a las mujeres de su ‘verdadero deseo’”, es decir, tener hijos, explica el antropólogo de la Universidad de Ámsterdam Luis Manuel Hernández Aguilar en la revista Ethnography.

Así, hay vídeos de memes donde el estereotipo de la chica feminista afirma que los hijos “esclavizan a las madres”, por ejemplo, como argumento en contra de tenerlos, mientras que están a favor de que haya más población migrante en España, hecho que se presenta como un sinsentido. Otros vinculan el derecho al aborto con la bajada de la tasa de natalidad entre madres españolas en las últimas décadas.

Los memes como vehículo de desinformación y discursos de odio

Los memes permiten transmitir estos mensajes disfrazando la misoginia de humor. La postironía, un tipo de humor que difumina la frontera entre ironía y seriedad, y la idea de que los memes son un “chiste interno” de un grupo, un secreto, permiten trasladar un puñado de ideas de manera muy concisa.

Este tono genera un “efecto embudo”, en el que algunos usuarios investigarán el trasfondo del humor para poder participar del chiste, como explica la profesora Greene, del Hampshire College, y encontrarán comunidades y discursos que comparten odio y desinformación, haciendo que la misoginia circule de manera natural en línea.

Los memes se han convertido en una herramienta comunicativa muy potente gracias a su capacidad de condensar ideas complejas en formatos visuales y breves. La ideología antifeminista ha instrumentalizado esta compresión, “recreando y mezclando discursos de odio con la sátira, el humor y el ingenio”, explica Hernández Aguilar.

En este contexto, el humor en línea se convierte en un espacio de disputa simbólica. Según escribe en el artículo, los memes sirven para “desarrollar y expandir ideas, reclutar nuevos simpatizantes y construir una identidad y comunidad”, reforzando vínculos entre usuarios que comparten códigos y posicionamientos.

Así, actúan como herramientas de educación ideológica y persuasión emocional, más que como instrumentos informativos neutrales. La fundación alemana Amadeu Antonio para la lucha contra el odio añade en un informe que los memes “se refieren a sistemas de valores e indican cómo los espectadores deben entender y evaluar algo desde la perspectiva del creador”, en lugar de presentar datos objetivos.

Por eso se utilizan para “introducir ideologías radicales y cosmovisiones que cuestionan la corriente cultural dominante”, según un artículo de Moriz Konrad publicado en la revista de Estudios Mediáticos de la Universidad de Bayreuth (Alemania). Hernández Aguilar analiza que el anonimato del creador de un meme y de su comunidad permite expresar tensiones que “no se pueden decir en el vocabulario políticamente correcto de los medios tradicionales”.