¿Qué impacto tuvo el vuelo de Jeff Bezos sobre el medio ambiente?

¿Qué impacto tuvo el vuelo de Jeff Bezos sobre el medio ambiente?

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Nos habéis preguntado a través de nuestro consultorio de Instagram por el impacto medioambiental que tuvo el vuelo de Jeff Bezos, fundador y director ejecutivo de Amazon, al espacio el pasado 20 de julio.

Bezos, acompañado de tres pasajeros más, completaba el 20 de julio el primer vuelo de turismo espacial que superaba los 100 kilómetros de altura, una marca llamada línea de Kárman, y que representa la frontera entre la atmósfera y el espacio según la Federación Aeronáutica Internacional (FAI). El hito se llevó a cabo a bordo de la nave New Shepard, desarrollada por Blue Origin, una empresa de su propiedad, en una operación que duró un total de 10 minutos, de los cuales los pasajeros pasaron tres en ingravidez.

El agua, el residuo principal

Para llegar a estos 100 kilómetros de altura, el cohete cuenta con un sistema de propulsión creado por la propia empresa denominado BE-3, que funciona empleando oxígeno e hidrógeno líquidos. El principal (y prácticamente único) residuo emitido con esta tecnología es el vapor de agua, de manera que el impacto ambiental del lanzamiento es mínimo.

“En principio puede haber otros tipos de residuos, pero muy, muy, muy minoritarios”, explica a Verificat Miquel Sureda, ingeniero aeroespacial, doctor en propulsión espacial y profesor en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), quien añade que “este combustible es el más limpio que hay”.

Para poner un objeto en órbita, es decir, hacerlo dar vueltas alrededor de la Tierra, “necesitas cohetes con mucho combustible”; por el contrario, el cohete New Shephard que empleó Bezos se limitó a subir y bajar, con lo cual “es pequeñito y la cantidad de combustible que se quema no es tan grande”. Aun así, este hecho no implica que el impacto medioambiental del lanzamiento fuera nulo.

Los coste del hidrógeno

El vapor de agua es un gas de efecto invernadero, que cuando es liberado a altas capas de la atmósfera, puede afectar a la capa de ozono. A pesar de que el motor no está encendido hasta los 100 kilómetros de altura, como indica Sureda, la emisión de este vapor a capas altas puede generar nubes que, si se incrementase el ritmo de lanzamientos en los próximos años, pueden llegar a alterar los procesos y propiedades de la atmósfera superior, según apunta un estudio que concluye que hace falta más investigación en este ámbito. La mayor parte de los trabajos al respecto coinciden que el conocimiento del rol que juega el vapor de agua en atmósfera en el clima todavía es limitado.

Por otro lado, la producción de hidrógeno requiere grandes cantidades de energía y se fundamenta, a día de hoy, en los combustibles fósiles. Según un informe de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por las siglas en inglés) del 2019, el 6% del gas natural y el 2% del carbón a nivel global se destinan a la producción de hidrógeno, haciéndolo responsable de la emisión de 830 millones de toneladas de CO₂ cada año. Sólo el 0,1% del producido se considera verde. Es decir, que a pesar de que el cohete no emitiera dióxido de carbono directamente a la atmósfera, la producción del combustible usado sí generó emisiones.

Un cohete reutilizable

Otra característica del vuelo llevado a cabo por Blue Origin es que el cohete New Shepard es completamente reutilizable: los propulsores no se pierden al acabar su función, sino que son capaces de aterrizar y volver a ser empleados en misiones posteriores. New Shepard fue el primer cohete de lanzamiento y aterrizaje vertical en llegar al espacio (superando la línea de Kárman de 100km de altura) en 2015, entonces aún sin tripulación

Actualmente, SpaceX, la empresa fundada y dirigida por Elon Musk, es la única que dispone de cohetes parcialmente reutilizables para realizar vuelos orbitales, es decir, con la capacidad de poner objetos en órbita. La empresa trabaja ahora en el desarrollo de un cohete completamente reutilizable, que sería el primero con capacidad orbital.

La comparación con Virgin Galactics

Sureda compara el vuelo de Bezos con el llevado a cabo, nueve días antes, por la empresa Virgin Galactics, en el cual el fundador de la compañía, Richard Branson, superó por primera vez en un vuelo comercial las 50 millas de altura (unos 80 kilómetros), la línea que, según la NASA, marca la diferencia entre ser astronauta o no. En este caso, “el combustible que se usa es muy diferente: es una especie de goma, un combustible que se denomina híbrido y que es muy contaminante, a unas capas donde puede dañar la capa de ozono”.

Durante el vuelo suborbital realizado por la empresa Virgin Galactics el 11 de julio, se emitieron gases como el CO₂, N2O, óxidos de nitrógeno o vapor de agua. De hecho, un artículo científico calculó que el impacto medioambiental de un vuelo de estas características sería entre 100 y 1.000 veces superior al de uno similar al de Blue Origin.

El vuelo de Virgin Galactics constó de dos fases, una primera elevación con un avión hasta llegar a unos 12 kilómetros de altura, donde se liberó el cohete que propulsó la nave hasta superar los 80 km.

¿Dónde empieza el espacio?

Esta pregunta a priori sencilla de responder, no tiene consenso internacional. La NASA, por ejemplo, sitúa esta frontera a 50 millas (unos 80 kilómetros) sobre la corteza terrestre; por el contrario, la intuición nos hace pensar en que el espacio empieza donde acaba la atmósfera, a unos 1.000 km de altura, que implicaría que ni la Estación Espacial Internacional (ISS por las siglas en inglés) ni algunos satélites se encontrarían en él. La Federación Aeronáutica Internacional (FAI), el organismo que rige el mundo aeronáutico y aeroespacial, sitúa el espacio sobre la línea de Kárman, a 100 km sobre la Tierra, una altura a la cual la atmósfera es demasiada fina como para aguantar el vuelo de los aviones convencionales. Esta es la altura que superaba Jeff Bezos, fundador y director ejecutivo de la empresa Amazon, el martes 20 de julio.