Es falso que 98 millones de norteamericanos contrajeran cáncer a través de la vacuna de la polio

Es falso que 98 millones de norteamericanos contrajeran cáncer a través de la vacuna de la polio

Desde hace un tiempo circula por WhatsApp una cadena que asegura que los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) han admitido que 98 millones de norteamericanos "se infectaron con el virus del cáncer" cuando recibieron la vacuna de la poliomielitis entre 1955 y 1963. Es FALSO. Durante aquella época efectivamente casi 100 millones de personas recibieron una vacuna contra la polio. A principios de los 60 se descubrió que entre el 10 y el 30% de las inyecciones estaba contaminada con un virus potencialmente cancerígeno que fue identificado después. Las investigaciones, pero, han descartado que este virus, el SV40, fuera un factor que provocara cáncer en los pacientes vacunados, además de que el cáncer por sí mismo no se puede inocular. Si las cosas hubieran ido cómo afirma el mensaje, un 54,7% de los 179 millones de habitantes que figuraban en el censo de 1960 de los Estados Unidos hubieran tenido la enfermedad, una situación que no se ha dado nunca.

"Los CDC admiten que 98 millones de norteamericanos recibieron el virus del cáncer a través de la vacuna de la polio"

El cáncer no es un virus

La palabra cáncer se refiere a una enfermedad caracterizada por el desarrollo de células anormales que se dividen, crecen y se diseminan sin control por cualquier parte del cuerposegún la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Las células normales se dividen y mueren en un periodo programado, pero la célula cancerosa, también dicho tumoral, pierde su capacidad de morir y se divide sin límites. Esta división acaba formando masas llamadas tumores o neoplasias, que cuando se expanden pueden destruir y sustituir los tejidos normales dando lugar a la enfermedad.

Los factores de riesgo más conocidos para desarrollar un cáncer, de acuerdo con la SEOM, son la alimentación, el medio ambiente, los agentes infecciosos (es decir, virus), radiaciones, hormonas, herencia genética y la suma de todos ellos. En este sentido, la SEOM aclara que “el cáncer no es una dolencia transmisible de persona a persona, ni es factible que a una persona se le pueda inocular cáncer”. La única ocasión en qué esto podría pasar es “en un hipotético caso de trasplante de órganos enfermos con una neoplasia” (tumor).

El virus SV40 puede ser cancerígeno en ciertos animales

La poliomielitis se ha controlado en el mundo a través de dos vacunas. Una de ellas, desarrollada por el virólogo norteamericano Jonas Salk en 1953, consiste en una dosis inyectada conocida con las siglas IPV. Está fabricada con virus cultivados en células de riñón de mono, inactivados con un compuesto químico llamado formalina. La otra, fabricada por el también virólogo norteamericano Albert Sabin poco tiempo después, es una vacuna oral conocida con las siglas OPV.

En 1959 se identificó el virus simio 40 (SV40), un tipo de virus que tiene como huéspedes naturales especies de la familia de los monos macacos asiáticos a quienes puede provocarles tumores. Pero hasta principios de la década de 1960 no se supo que estaba presente en los cultivos de células renales de algunos monos infectados con los cuales se elaboraba la fórmula, tal y como explica la Organización Mundial de la Salud (OMS). Afectaba principalmente las IPV de Salk, pero también algunas dosis OPV de Sabin. 

Cuando se tuvo conocimiento de esta situación, las autoridades sanitarias norteamericanas retiraron los lotes de las vacunas infectadas y establecieron controles para garantizar que las fórmulas que se seguían administrando estaban libres del SV40, tal y como explican los CDC en su web actual

Las investigaciones alrededor de este virus han resuelto dos cuestiones. La primera, que el SV40 tiene potencial cancerígeno en animales de laboratorio, hasta el punto que pueden desarrollar tumores cerebrales, cáncer de huesos, mesoteliomas malignos (una forma rara de cáncer) y linfomas. La segunda, que "la mayoría de estudios que analizan la relación entre el SV40 y los cánceres (en humanos) son tranquilitzadores puesto que no se ha encontrado una asociación causal entre la recepción de la vacuna de la polio contaminada y el desarrollo de cáncer".

En línea con estos resultados científicos, el Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos (NIC, en inglés) ha enviado a Verificat un estudio realizado por su División de Epidemiología y Genética del Cáncer en bebés que recibieron la vacuna contaminada y que no sufrieron un riesgo más alto de tener cáncer. "El público se alarmó por los posibles riesgos de la exposición a este virus oncogénico", explica el informe, pero "los resultados publicados (...) no mostraron un mayor riesgo de cáncer", afirma.

Las investigaciones de Michele Carbone

El mensaje de WhatsApp también hace referencia a una supuesta "profesora asistente de patología de la Universidad de Loyola en Chicago, la Dra. Michele Carbone" que "encontró que el 33% de las muestras de cáncer óseo por osteosarcoma, el 40% de otros cánceres óseos y el 60% de los cánceres pulmonares de mesotelioma contenían este virus oscuro". 

Se trata de hecho del médico italiano Michele Carbone, actualmente director del programa de oncología torácica en el centro oncológico de la Universidad de Hawái y uno de los especialistas que más ha participado en investigaciones relacionadas con el SV40. Entre 2000 y 2005 fue efectivamente profesor asociado en el Departamento de Patología de la Universidad de Loyola en Chicago

Carbone firmó en 1999, junto con dos científicos más, un primer estudio titulado Riesgo de cáncer asociado a la vacuna antipoliomielítica contaminada con el virus simio 40, donde se analizó la incidencia de los tumores cerebrales, óseos y mesoteliomas entre 1973 y 1993 y la posible relación de estos tumores con la administración de la vacuna contaminada. "Nuestro análisis indica un aumento de la tasa de ependimomes (37%), sarcomas osteogénicos (26%), otros tumores óseos (34%) y mesoteliomas (90%) entre las personas expuestas (a la vacuna), en comparación con el cohorte de nacimiento no expuesto", defendía el estudio. Como conclusión, señalaron que los datos sugerían que podía haber una mayor incidencia de ciertos cánceres entre las personas expuestas a la vacuna contaminada. El estudio concluye que "está claramente justificada la realización de nuevas investigaciones".

Doce años más tarde, en 2011, Carbone publicó otra investigación, citada por la web de los CDC, que ofrecía una nueva perspectiva. "Parece poco probable que la infección por SV40 sea suficiente para causar por sí misma malignidad, puesto que no observamos una epidemia de cánceres después de la administración de vacunas contaminadas con SV40. Aun así, parece posible que el SV40 pueda actuar como cofactor en la patogénesis de algunos tumores", explica. Es decir, sus conclusiones descartan que el virus provocara por él mismo cáncer a las personas que fueron vacunadas con la fórmula contaminada.

No hay pruebas que las autoridades norteamericanas vulguéssin esconder los contagios 

Finalmente, el mensaje afirma que "los CDC eliminaron rápidamente [de su] página web" la información donde se hacía pública la contaminación de millones de personas con el virus SV40. Los CDC no han respondido las preguntas de Verificat sobre este tema, pero en 2019 su portavoz Kristen Nordlund dijo al departamento de verificación de la agencia AFP que "cada pocos años, y a medida que hay cambios tecnológicos en las páginas web, rediseñamos el portal de los CDC". También confirmó que la página archivada que se enlaza al mensaje corresponde a "versiones anteriores de su portal web". En su web actual hay un apartado dedicado al SV40.

El enlace del mensaje que nos habéis hecho llegar lleva a una web canadiense que muestra un pantallazo de una versión antigua del portal de los CDC con información sobre este tema. Otros diseños antiguos de la web de los CDC como éste también han circulado mucho en las redes sociales. Hay registros sobre la contaminación de las vacunas de la polio en diferentes páginas oficiales de organismos norteamericanos como el Congreso o PubMed, el motor de búsqueda de la Librería Nacional de Medicina, como prueba de que no ha sido nunca escondido. 

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