Salut, Covid-19, Vacunes

El tiempo de desarrollo no tiene por qué perjudicar la seguridad de las vacunas

Estas semanas está circulando por WhatsApp un hilo que asegura que “es absolutamente imposible” que una vacuna sea segura si se ha desarrollado en menos de ocho años. Es FALSO: para que una vacuna o cualquier otro medicamento sea aprobado, debe haberse demostrado que es seguro y eficaz. Para ello, se llevan a cabo los ensayos clínicos, que comprenden diversas fases (fase I, fase II, fase III…). 

“Es absolutamente imposible que una vacuna sea segura si no se han respetado los plazos para que lo sea (unos 8 años)"

Las vacunas contra la covid-19 han sido las más rápidas en desarrollarse de la historia porque no solo se han obtenido los recursos económicos necesarios, procedentes tanto de fondos públicos  como privados, mucho más rápido que de lo normal, sino que además se ha hecho un esfuerzo internacional sin precedentes por compartir el conocimiento entre países y publicar los datos de los estudios en abierto

Fases solapadas

Por otro lado, se han agilizado mucho las fases de los diferentes ensayos clínicos: se solaparon unas con otras para ganar tiempo; en aquellos casos en los que los resultados fueron satisfactorios, se pudo ir aprobando la distribución de la vacuna en la población. Junto a esto hay que tener en cuenta que muchas de las vacunas, concretamente las de ARN mensajero, que son aquellas que no habían sido utilizadas antes en humanos, ya contaban no obstante con un desarrollo previo, es decir, que no se empezó de cero: “Detrás de estas vacunas hay un trabajo de varias décadas que permitió que se desarrollaran tan rápido”, señala Adelaida Sarukhan, inmunóloga y redactora científica de ISGlobal. “Gracias a los estudios con el SARS y el MERS, se sabía que la proteína Spike era el antígeno de elección para las vacunas, y que una sustitución de dos aminoácidos en su secuencia la hacían todavía más estable”. De hecho, esta versión súper estable la usan las vacunas de Moderna, Pfizer, Novavax y Jannsen. 

Además, tal y como Sarukhan recuerda, “no es de extrañar que las primeras dos vacunas que se aprobaron lo hiciesen casi al mismo tiempo (Pfizer y Moderna)”, ya que “ambas utilizan la misma tecnología (ARNm) y son las más rápidas de producir una vez que se tiene la secuencia del virus y se sabe cuál es la proteína que se quiere usar como antígeno”. En este caso, concluye, “ya se sabía que era la proteína Spike”.


Este artículo es parte del proyecto "Las Mentiras Amenazan la Salud", el portal de fact-checking de bulos sobre covid-19 de Verificat.

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