¿De dónde vienen los libros y las rosas de Sant Jordi?

¿De dónde vienen los libros y las rosas de Sant Jordi?

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Hoy es 23 de abril. Y, como cada año, el día de Sant Jordi se vive de forma muy especial en Catalunya. Los paseos tranquilos y en buena compañía van de la mano de las rosas y de los libros. Pero… ¿de dónde viene y a cuándo se remonta esta tradición? ¿Por qué se regalan rosas y libros? ¿Quién fue Sant Jordi y qué representó? Vamos por pasos.

Un militar que se negó a perseguir a los cristianos

Sant Jordi, nacido en Capadocia (en la actual Turquía) en el siglo III, fue un militar romano bajo las órdenes del emperador Diocleciano. Se negó a perseguir a los cristianos como había ordenado el emperador y esto lo llevó a ser “martirizado y decapitado”, según cuenta la web de tradiciones de la Generalitat de Catalunya. Sin embargo, es un personaje del que las diferentes fuentes coinciden en decir que hay poca información y con poca certeza.

Un artículo de la revista Sàpiens añade que la historia proviene, según algunos autores, del “martirio de Jordi se prolongó siete años y durante este período el mártir habría muerto y resucitado hasta tres veces: quemado, cortado en dos por una rueda de espadas y envenenado por un mago”. Un mártir, según la definición de la Real Academia Española, es una “persona que muere o sufre grandes padecimientos en defensa de sus creencias o convicciones”. Y este fue el caso de Jordi.

El mismo texto de Sàpiens señala que viendo todas las extravagantes versiones que había sobre Sant Jordi, en el año 496, el papa Gelasio desautorizó a todos los autores que habían escrito su acta martyrum (los relatos del sufrimiento y la muerte de un mártir). “Parecía estar convencido de que, fuese como fuere, la propagación de su culto era un fenómeno imparable”, apunta el artículo.

La Enciclopèdia Catalana cuenta que la fiesta de Sant Jordi se celebra en Valencia desde 1343, en Mallorca desde 1407 y en Cataluña desde 1456. En Aragón, es festivo desde 1461 y en 1984 se aprobó que el 23 de abril fuera el “Día de Aragón”.

Una leyenda que sucede en Montblanc

En el imaginario colectivo catalán, la popular leyenda de Sant Jordi tiene lugar en Montblanc (Tarragona) y parte de un dragón que tenía atemorizado al pueblo. Para lidiar con él, se decidió que, por sorteo, se escogería una persona que se ofrecería como sacrificio al dragón para que se la comiese. Un día el azar quiso que la elegida fuera la hija del rey, pero antes de que el monstruo se la comiera, apareció un valiente caballero que se enfrentó al dragón y lo mató. De su sangre nacieron rosas y el caballero, Sant Jordi, le regaló una a la princesa.

Según la Encliclopèdia Catalana, la leyenda podría haber nacido en el siglo X, aunque según la explicación del Ayuntamiento de Barcelona, “data del siglo XIII”. 

Esta es la leyenda, pero la festividad de Sant Jordi va estrechamente ligada en la actualidad a los libros y a las rosas.

El día del fallecimiento de Cervantes y Shakespeare

La Enciclopèdia Catalana relata que en 1923 la Cambra Oficial del Llibre instauró en Barcelona, a iniciativa de su consejero Vicent Clavel Andrés, la Diada del Libro, una “festividad comercial y cultural” para “conmemorar el aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes”. Se fijó el 23 de abril y progresivamente la festividad se extendió a otros lugares.

La web de tradiciones de la Generalitat coincide que la idea original fue de Clavel Andrés, pero aclara que, según algunas fuentes, “se celebró por primera vez el 7 de octubre de 1926” y que, en 1930, “se cambió la fecha para el 23 de abril”. La edición de La Vanguardia del 8 de octubre de 1926 hablaba de “la fiesta del día del libro” y relataba que “con gran solemnidad” se celebró en el paraninfo de la Universidad de Barcelona “un acto literario en conmemoración del natalicio de Cervantes”. En relación con los libros, explicaba que “una de las modalidades de la solemnidad de la fiesta [...] era la venta de libros en condiciones especiales de rebaja” y que, por este motivo, se vieron “muy concurridas todas las librerías”.

El 8 de octubre de 1929, La Vanguardia exclamaba: “¡Gran día el de ayer! Gran día para los libreros, para los editores, para el público”. El 23 de abril de 1931, la cabecera catalana ya recogía que “el tránsito por las calles fue intensísimo” especialmente por “coincidir la fiesta del Patrón de Cataluña con la celebración del Día del Libro”.

La Generalitat añade que la fiesta “echó raíces en Cataluña” al confundirse con la Diada de Sant Jordi, “mientras que casi desapareció en el resto del Estado, donde dejó de celebrarse en muchos lugares o bien se mantuvo de forma residual”.

En noviembre de 1995, la Conferencia General de la UNESCO proclamó el 23 de abril como Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. Entre los argumentos que se esgrimieron se planteaba que “el libro ha sido, históricamente, el elemento más poderoso de difusión del conocimiento y el medio más eficaz para su conservación” y que en esta fecha coincidieron, en 1616, los decesos de “Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega”. Este último fue un escritor nacido en el territorio que actualmente es Perú.

Una feria de rosas del siglo XV

El regalo que acompaña a los libros en cada Sant Jordi son las rosas. Según la web de tradiciones de la Generalitat, “se tiene constancia de la celebración de la Feria de rosas por Sant Jordi desde el siglo XV”. Relata que la fiesta que conocemos hoy en día tiene su origen en “la época de la Diputación del General y está ligada a la nobleza y a los estamentos dirigentes”, que el día de Sant Jordi “celebraban una misa en la capilla del Palau de la Generalitat, donde también se hacía la Feria de rosas”.

El apartado de cultura popular de la web del Ayuntamiento de Barcelona añade que en la feria de rosas que se organizaba en la ciudad en el siglo XV “acudían sobre todo novios, prometidos y matrimonios jóvenes”, cosa que hace pensar “que la costumbre de regalar una rosa tiene el origen en esta fiesta”.

Las crónicas de la primera mitad del siglo XX ya hablan de la feria de rosas en el actual Palau de la Generalitat de Catalunya, que anteriormente había sido el Palacio de la Diputación, que recibía visitas en la capilla de Sant Jordi. “En la planta baja se establecieron los tradicionales puestos de flores, mercancía que, a pesar de su abundancia, casi estaba agotada a las dos de la tarde”, señalaba la edición de noche del Diario de Barcelona del 23 de abril de 1914.

En el patio, “se colocaron varias mesas en las que se vendían plantas y flores que aromatizaban el ambiente, llenando aquel sitio de color y poesía” con una concurrencia que fue “extraordinaria”, sobre todo de “muchachas casaderas” (que están en edad de casarse), señalaba La Vanguardia del 24 de abril de 1900.

La “tradicional feria de flores de San Jorge” también apreció, por ejemplo, en La Vanguardia en 1913, cuando estuvo “muy concurrida”, en 1923, “siendo enorme la afluencia de público” y predominando “el elemento femenino”, y en 1930, cuando se hizo “difícil la circulación no solo por el interior del edificio, sino también por sus alrededores”. Por su parte, el Diario de Barcelona explicaba en 1929 los premios que había para “los puestos que más se distingan por su artística instalación” y el día siguiente incluía una extensa crónica de la jornada.

El año siguiente, “los puestos de venta de rosas y lazos con flores que se habían colocado en los alrededores de la Diputació” fueron “invadidos rápidamente por el público”, exclamó el Diario de Gerona. Ya había colas, pues, en la década de 1920.

Las imágenes de calles abarrotadas por gente que busca rosas y libros son plenamente vigentes y se repetirán hoy. Un año más, y ahora especialmente después de dos años marcados por la pandemia, las manos cogidas, los besos en el aire, los libros y las rosas volverán a ser los protagonistas.

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