La desinformación de una madre contraria a las vacunas en Catalunya Ràdio: es falso que no sean seguras
Desmentimos los mitos y creencias sobre las vacunas que ha difundido una mujer antivacunas en la radio pública
Desmentimos los mitos y creencias sobre las vacunas que ha difundido una mujer antivacunas en la radio pública

¿Qué se ha dicho?
Que las vacunas no son seguras, que provocan efectos secundarios peores que la enfermedad que quieren revertir, y que el cuerpo puede curarse solo.
¿Qué sabemos?
Que no es cierto que no sean seguras, que algunas enfermedades que previenen pueden ser muy graves e, incluso, provocar la muerte. La no vacunación causa el retorno de algunas enfermedades minoritarias o erradicadas.
Una madre que se niega a vacunar a sus hijos ha dado su testimonio este jueves 9 de octubre en El matí de Catalunya Ràdio (entrevista de las 9:55 h), el programa presentado por Ricard Ustrell que acumulaba 456.000 oyentes diarios la pasada temporada. En su intervención, la mujer ha dicho haber dejado de seguir las pautas de vacunación para ella y para su familia por los posibles efectos secundarios y la supuesta toxicidad de las vacunas, y porque defiende que el cuerpo puede protegerse y curarse solo.
Es FALSO. Los mitos sobre los efectos perjudiciales de las vacunas hace tiempo que corren y han sido desmentidos anteriormente por la comunidad científica y por miembros de la International Fact-Checking Network (IFCN), como Verificat. Catalunya Ràdio ha dado voz a este testimonio a raíz de la noticia de un brote de sarampión en una familia del Garraf sin vacunar. Algunos de los argumentos se contrarestaron con datos verificados en directo tras finalizar la entrevista, pero no todos ni durante la intervención de la entrevistada.
Las vacunas, una de las medidas más efectivas y seguras contra las enfermedades
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la vacunación es uno de los métodos más efectivos para proteger a la población ante las enfermedades. A partir de su composición, consiguen que el sistema inmunitario genere anticuerpos concretos para defenderse contra oranismos patógenos (virus o bacterias).
Algunas vacunas contienen partes debilitadas o inactivas de un organismo concreto, y de esta forma desencadenan una respuesta inmunitaria dentro del cuerpo. Otras, contienen virus o bacterias enteras debilitadas o muertas. Algunas más nuevas contienen ADN o ARN con la información genética de los antígenos de la enfermedad. En ninguno de estos casos, la vacuna causarà la enfermedad en la persona que la recibe, pero hará que su sistema inmunitario responda de forma muy similar a cómo lo habría hecho al contraer dicha enfermedad por primera vez, generando anticuerpos.
En los últimos años, el cuestionamiento de las vacunas ha crecido, impulsado por la pandemia y por usuarios de redes sociales, como recoge un estudio de The Lancet. De hecho, la entrevistada aseguraba en El matí de Catalunya Ràdio haber dejado de vacunarse a raíz del covid-19, tras haber oído declaraciones que desaconsejaban el uso de vacunas con ARN mensajero.
«La persona creadora de este ARN mensajero, que es el que llevan estas vacunas experimentales [contra el covid-19], recomendaba y desaconsejaba vacunarse por las enfermedades y los efectos de larga duración que podían darse«
Es cierto que algunas vacunas contra el SARS-CoV-2 contenían ARN mensajero (ARNm), como las de Pfizer y Moderna. El ARNm es un ácido nucléico presente en todas las céluas vivas que está implicado en la síntesis de proteínas. Fue descubierto, y no creado, en 1961, y el único científico de aquel equipo que seguía vivo en 2020, Matthew Meselson, no hizo ninguna declaración contra la vacuna. De hecho, se vacunó, tal como explica en una entrevista en la revista canadiense Maclean’s. En el caso de las vacunas contra el covid-19, algunas contenían ARNm del SARS-CoV-2 con «instrucciones» para producir la proteína S. Esto hace que las células produzcan esta proteína, y cuando el cuerpo se da cuenta, desarrolla anticuerpos para combatirla. Así, si después de vacunarnos nos infectábamos con el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario ya estaba familiarizado con su proteína S y sabía cómo luchar en contra.
Además, es falso decir que las vacunas contra el covid son experimentales. Aunque a causa de la situación de emergencia durante la pandemia se aceleraron procesos, cualquier vacuna se somete a pruebas rigurosas y estrictas a través de múltiples fases de ensayos clínicos antes de introducirla en un país, asegura la OMS, y siempre se considera que ha superado la fase experimental. Verificat ya ha explicado en varias ocasiones que las vacunas aprobadas contra el covid-19 siguieron todas las fases de ensayos clínicos y que, por tanto, no son experimentales.
Los efectos secundarios no son peores que la enfermedad
Otro de los argumentos comunes en los discursos antivacunas son los efectos secundarios que pueden provocar.
«El cuerpo tiene la capacidad para inmunizarse solito y pasar por las enfermedades. […] A veces es peor el remedio que la enfermedad.«
Es cierto que las vacunas, «como cualquier medicamento, pueden producir efectos adversos», asegura el Departament de Salut en su web. Principalmente, reacciones locales en el punto de la inyección, febrícula y algunas pequeñas molestias, pero «es más probable sufrir un trastorno grave por una enfermedad que se puede prevenir con la vacunación que por la propia vacuna». Precisamente, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) establecía que una de las condiciones para autorizar la comercialización de las vacunas contra el covid-19 es que muestren que «los beneficios de la vacunación son superiores a cualquier riesgo conocido o potencial».
Con respecto a la inmunidad, es cierto que el cuerpo puede inmunizarse de forma natural cuando se infecta por un organismo causante de enfermedad, tanto si la infección es sintomática como si no lo es. Sin embargo, en algunos casos, necesita «aprender» a combatir algunas enfermedades antes de inyectarse, ya que algunas pueden ser mortales, por lo menos, para una parte de la población. Por eso, a partir de las vacunas, el sistema inmunitario «se entrena» con microorganismos muertos o debilitados y así está preparado por si entra en contacto con la enfermedad en sí. Las vacunas provocan una respuesta inmunitaria similar a la de la infección natural, pero evitando la enfermedad y sus complicaciones, que pueden llegar a ser muy graves.
Un estudio publicado en The Lancet demuestra que, en los últimos 50 años, 14 vacunas han salvado 154 millones de vidas y han reducido la mortalidad infantil un 40% en todo el mundo. Según un estudio con modelación matemática elaborado por el Imperial College y publicado en The Lancet, la vacunación contra el covid-19 salvó decenas de millones de vidas en todo el mundo y alteró sustancialmente el curso de la pandemia.
La vacunación masiva consigue que la población adquiera la llamada inmunidad de grupo, que se basa en el hecho de que el riesgo de contagio de una enfermedad disminuye a medida que aumenta el numero de personas inmunes. Esto ha permitido eliminar enfermedades en algunas partes del mundo, o erradicarlas, como es el caso único de la viruela. En cambio, si crece el numero de personas no vacunadas de enfermedades que ya estaban controladas, como el sarampión, se incrementan las probabilidades de que se produzcan brotes. En una nota de prensa, el director regional de la OMS para Europa, el Dr. Hans P. Kluge, alertaba que «el sarampión ha vuelto». Segun una análisis de la OMS y UNICEF, en 2024 se notificaron 127.350 casos de sarampión en Europa y Ásia Central, el doble que en 2023 y la cifra más elevada desde 1997. «Sin tasas altas de vacunación no hay seguridad sanitaria», advertía el Dr. Kluge en la nota.
«Está pasando ahora con mucha gente que tiene TEA, que tiene efectos secundarios de larga duración por culpa de lo que pasó en su momento [con vacunaciones voluntarias]«
Excepcionalmente, una vacuna puede desencadenar reacciones graves, especialmente, en personas alérgicas. Pero los efectos secundarios que se mencionaban durante la entrevista en la radio pública catalana, como la relación entre el trastorno del aspectro autista y las vacunas, son falsas. Múltiples estudios científicos han demostrado que no hay ningún vínculo creíble entre vacunas infantiles y autismo. Esta desinformación proviene de un informe de 1998 que afirmaba que la vacuna triple vírica causa autismo. The Lancet se retractó 12 años después a causa de datos fraudulentos, y el autor del informe fue sancionado por organismos científicos y perdió su licencia para ejercer la medicina.
Hay muchas teorías sobre el origen del autismo que se difunden sin una evidencia científica comprobada. Recientemente, la Casa Blanca ha vinculado tomar paracetamol durante el embarazo con el autismo en los bebés. La evidencia, sin embargo, no demuestra que haya una relación entre ambos factores, y entidades sanitarias de todo el mundo han emitido comunicados contrarios a la tesis estadounidense.
La comunidad científica no ha encontrado la causa del autismo y, de hecho, no está claro que sea una sola. El Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya explica en su web que «es posible que sea resultado de una combinación de varios factores, tanto genéticos como ambientales», algo con lo que coincide el consultor de Obstetricia Dimimtrios Siassakos en sus declaraciones a Science Media Centre (SMC).