‘Cherry picking’: así se utilizan los vídeos descontextualizados para reforzar el vínculo engañoso entre migración y delincuencia
La difusión selectiva de contenidos en las redes puede distorsionar la percepción de los hechos y alimentar la discriminación en contextos de violencia
La difusión selectiva de contenidos en las redes puede distorsionar la percepción de los hechos y alimentar la discriminación en contextos de violencia

Tras tres apuñalamientos, con dos víctimas mortales, y un posible tiroteo ocurridos el fin de semana del 1 al 3 de mayo en diferentes localidades del Área Metropolitana de Barcelona, las redes se han inundado de vídeos descontextualizados, antiguos o sin verificar de personas racializadas cometiendo delitos. Las imágenes no tienen nada que ver con las noticias de actualidad, de las cuales ha trascendido poca información, ya que se encuentran bajo secreto de sumario, tal como ha informado a Verificat el gabinete de prensa de los Mossos d’Esquadra, pero contribuyen a consolidar la asociación engañosa entre migración y delincuencia.
En uno de los casos de apuñalamiento con una víctima mortal, ocurrido en Esplugues de Llobregat el día 2 de mayo, sí que se han viralizado dos vídeos donde se muestra al presunto asesino: en una de las grabaciones, el hombre aparece amenazando a un vecino con un arma, perseguido por los cuerpos policiales en el momento de su detención. A partir de estos vídeos, medios y usuarios describen que la persona es de origen magrebí, lo que ha llevado el debate digital rápidamente de los hechos concretos hacia la generalización, la estigmatización y el discurso de odio.
La estrategia del “cherry picking”
El caso de Esplugues se encuentra bajo secreto de sumario, tal como ha informado a Verificat el gabinete de prensa de los Mossos d’Esquadra, de manera que todavía no hay información confirmada más allá del procedimiento judicial habitual. Pero es precisamente en este vacío informativo donde prolifera una estrategia muy habitual en las redes: el cherry picking.
Esta estrategia, tal como explicamos en Desfake, el proyecto educativo de Verificat, consiste en centrarse solo en la información que se alinea con el argumento que se quiere perpetuar, obviando el conjunto de los datos. En este caso, a raíz del apuñalamiento de Esplugues, se han compartido en las redes casos previos similares alimentando la percepción de que existe un patrón generalizado que relaciona inmigración con violencia, seleccionando solo aquellos ejemplos que refuerzan el relato, que es engañoso.
El lunes 4 de mayo, el primer día tras los hechos, en X circulan vídeos subtitulados con sarcasmo, con mensajes como: “grupo de delincuentes importados de segunda generación fuerzan un coche y roban sus pertenencias”, cómo “un ingeniero recientemente regularizado por Pedro Sánchez” agrede a una persona o “inmigrantes magrebíes en busca de víctimas”.
Todos estos vídeos se comparten con la intención de convertirse en “pruebas” para alimentar mensajes como que “todos los inmigrantes vienen a delinquir”. El potencial emocional de estos vídeos favorece que se viralicen, como explica este estudio de Nature publicado en enero de 2025, que lo define como un factor determinante, especialmente cuando es negativo o extremo. Algunos de estos vídeos acumulan más de 76.000 visualizaciones en pocas horas.
No hay relación causal entre migración y delincuencia
Aunque en las redes sociales a menudo se asocian inseguridad e inmigración, los datos no permiten establecer una relación causal simple entre ambos fenómenos. De hecho, un estudio financiado por la Unión Europea en 17 países diferentes, incluida España, desmiente esta vinculación.
En el portal Las mentiras alimentan el odio, donde recogemos datos para desmentir discursos de odio, explicamos cómo la criminalidad no ha aumentado de manera proporcional al crecimiento de la población extranjera. La relación entre inmigración y delincuencia es compleja, ya que depende de múltiples factores sociales y económicos. Por otra parte, la población migrante suele estar sobrerrepresentada en las estadísticas.
En 2023, por ejemplo, las personas extranjeras eran el 17,2% de la población de Cataluña, pero fueron el 51% de las detenciones y el 41% de las condenas, según datos del Ministerio del Interior y del Instituto Nacional de Estadística. Esto significa que aparecen en estas cifras más de lo que les correspondería si fuese proporcional a su presencia en la población. Aun así, las personas de nacionalidad extranjera que no han cometido un crimen o no han sido nunca detenidas por la policía son la enorme mayoría, como se puede observar en el siguiente gráfico.
La publicación Delincuencia de inmigrantes y motivaciones delictivas explica que “el hecho de ser inmigrante no aporta nada a la motivación delictiva, sino que lo hace el contexto de falta de oportunidades estructurales legítimas”. Según datos del Idescat, las personas extranjeras se concentran de manera desproporcionada en los tramos de renta más bajos.
Pero los datos no lo explican todo ni son un reflejo exacto de la realidad. Como indica Elisa García España, catedrática de Derecho Penal y Criminología de la Universidad de Málaga en la publicación Inmigración y delincuencia: la falacia de una sospecha, estas pueden estar sujetas a un “indicio de mayor selectividad policial con la población extranjera por dos posibles motivos: gerencialismo (liberalización administrativa) y sesgos policiales”.
Por otra parte, Encarna Bodelón, doctora en Derecho por la Universidad de Barcelona y directora del Centro de Estudios Jurídicos de la Generalitat, ya explicó a Verificat que utilizar los datos policiales y penitenciarios para estudiar el fenómeno estructural de la criminalidad “es un error”. La doctora apunta que existen sesgos en los patrones de denuncia y en las actuaciones policiales de detención e investigación.
Los hechos violentos ocurridos este fin de semana y la atención centrada en el caso de Esplugues, que es el único del que hay imágenes del presunto autor, evidencia que el foco, por lo tanto, no es solo denunciar una situación de violencia o inseguridad, sino transformar la identidad de una persona en una herramienta de discriminación colectiva. Es así como se construyen y se propagan los discursos de odio en momentos en los que la actualidad es más emocional que racional.