Contextualizamos los datos de Sílvia Orriols que vinculan migración y violencia sexual
Los datos de personas encarceladas no son suficientes para estudiar un problema estructural como la delincuencia sexual, y no existe evidencia científica que la vincule a la migración
Los datos de personas encarceladas no son suficientes para estudiar un problema estructural como la delincuencia sexual, y no existe evidencia científica que la vincule a la migración

¿Qué se ha dicho?
Que las políticas migratorias han provocado un aumento de la violencia sexual en Catalunya. Que el 70% de los encarcelados por violación son inmigrantes, y el 32% de los agresores sexuales entre 14 y 21 años son inmigrantes.
¿Qué sabemos?
Que los delitos contra la libertad sexual conocidos han aumentado, pero que no existe evidencia científica que lo vincule a la población extranjera, y que los números totales de condenados y encarcelados representan un grupo pequeño de personas que no representan a toda la sociedad.
Sílvia Orriols, presidenta de Aliança Catalana, afirmó el pasado 4 de diciembre en el pleno del Parlament que “las políticas migratorias han llevado a una escalada sin precedentes en la violencia sexual contra las mujeres” en Catalunya (hora 02:24:00). Orriols añadió que la mayoría de los encarcelados por cometer una violación son extranjeros, así como un porcentaje significativo de quienes han cometido una agresión sexual entre los 14 y 21 años. ¡Te lo explicamos!
Es cierto que, en Catalunya, cada año aumentan los delitos contra la libertad sexual conocidos, un 5% entre 2023 y 2024, y con un aumento acumulado del 51% en los últimos cinco años, según los datos del Ministerio del Interior. Detrás de este aumento, sin embargo, hay más denuncias por violencia machista y no se puede correlacionar con la llegada de población extranjera.
«Las políticas migratorias han llevado a una escalada sin precedentes en la violencia sexual contra las mujeres»
Sílvia Orriols, presidenta de Aliança Catalana
Los discursos que buscan crear una imagen negativa de la población extranjera instrumentalizando datos de violencia machista no son nuevos. De hecho, son una narrativa muy extendida tanto en España, como hemos explicado anteriormente en el portal Las mentiras alimentan el odio y en dos verificaciones anteriores (aquí y aquí), como en toda Europa. No hemos encontrado estudios que hayan investigado esta supuesta vinculación entre el origen de las personas y la probabilidad de que ejerzan violencia machista y que, por tanto, demuestren que existe una relación causa-efecto.
355 agresores no representan a una población de 8 millones
Para apoyar su argumentación, Orriols afirmó, también, que “el 70% de los encarcelados por violación son inmigrantes”. Si bien los datos se aproximan (pero no coinciden) con los registros del Departamento de Justicia, expertos apuntan a Verificat que calcular porcentajes y hacer generalizaciones a partir de un número de personas tan pequeño puede provocar confusión.
«El 70% de los encarcelados por violación son inmigrantes”; “El 32% de las agresiones sexuales cometidas por jóvenes entre 14 y 21 años […] son cometidas por inmigrantes y el 68% por nacionales»
Sílvia Orriols, presidenta de Aliança Catalana
En noviembre de 2025, en Catalunya hay 355 personas encarceladas por agresiones sexuales, delito en el que se incluyen las violaciones. De estas, el 63% son extranjeras y el 37% españolas, según los datos del Departamento de Justicia y Calidad Democrática. Lo que casi todas tienen en común es el género: 354 son hombres y solo hay una mujer.
La presidenta de Aliança Catalana también expuso que “el 32% de las agresiones sexuales cometidas por hombres entre 14 y 21 años son por parte de inmigrantes y el 68%, por nacionales”, citando datos de Justicia. Estos porcentajes también se aproximan a las cifras del departamento, que indican que de los 308 condenados por agresión sexual de entre 14 y 21 años, el 30% tienen nacionalidad extranjera, sumando datos de justicia juvenil y el tramo más joven de la adulta. El 99% (307 penados) son hombres.
Que estos datos sean ciertos no significa que el tratamiento estadístico sea adecuado. El número total de condenados, penados y encarcelados es muy reducido, algo que “debería tenerse en cuenta para no sacar conclusiones sobre tendencias generales”, ha explicado a Verificat José María López Riba, doctor en Criminología y Derecho por la Universitat Pompeu Fabra. De hecho, mostrar un porcentaje cuando el número absoluto es tan bajo “suele dar resultados muy llamativos”. Como indica López Riba, 355 agresores sexuales no son representativos de los más de 8 millones de habitantes de Catalunya, nacionales y extranjeros.
Por otra parte, utilizar los datos policiales y penitenciarios para estudiar el fenómeno estructural de la criminalidad “es un error”, afirma en declaraciones a Verificat Encarna Bodelón, doctora en Derecho por la Universitat de Barcelona, fundadora del grupo de investigación Antígona sobre derecho con perspectiva de género de la Universitat Autònoma de Barcelona y directora del Centro de Estudios Jurídicos de la Generalitat. La doctora apunta que existen sesgos en los patrones de denuncia y en las actuaciones policiales de detención e investigación.
Un patrón histórico para crear una imagen de peligro
La idea de una figura del “depredador sexual racializado” es habitual en diversos países europeos y es una historia falsa que “se ha contado y recontado durante siglos”, según un artículo de investigación de dos investigadoras de la Universidad de Ámsterdam. El grupo étnico al que se relacionan estas amenazas depende del contexto histórico: durante la llegada de inmigrantes a Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial, eran italianos e irlandeses; durante el régimen nazi, eran judíos; durante la colonización de África, eran de piel negra; o durante la colonización de América, nativos americanos.
En la actualidad, las investigadoras apuntan que la figura simbólica de un depredador sexual racializado es de origen árabe, cuando se habla en Europa. El contexto histórico es el auge de la islamofobia tras el atentado de las Torres Gemelas el 11S, en 2001, el incremento de las migraciones de refugiados al continente europeo y la crisis política europea que de ello se derivó, así como las actuales migraciones de personas de África y Oriente Medio. La narrativa se ha extendido al Reino Unido, Francia, Italia o Suecia, entre otros.
El estereotipo de un agresor conlleva sesgos en las denuncias
Como explicamos en esta verificación, parte del aumento de los delitos sexuales conocidos en Catalunya se explica por cambios en definiciones legales y por un incremento de las denuncias. Aun así, el porcentaje de víctimas que denuncia es muy bajo, según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer de 2024 del Ministerio de Igualdad, y las víctimas citan, entre otros, el miedo a no ser creídas como un motivo para no acudir a la justicia.
“Se denuncian más los perfiles de agresor que confirman el estereotipo”, afirma Bodelón, “porque las víctimas creen que serán creídas” si la persona a la que denuncian cumple esa imagen. Así, explica la jurista, se crea el mito falso de que denunciar “al marido, blanco, médico en un hospital” será poco efectivo porque la víctima siente que la justicia no la creerá, pero, en cambio, sí lo será en casos en los que el agresor sea una “persona de clase baja y racializada”, que cumpla el estereotipo.
Por este motivo, los extranjeros están sobrerrepresentados no solo en los datos penitenciarios, sino también en los datos de denuncias. Según el Informe sobre los delitos contra la libertad sexual de 2024 del Ministerio del Interior, el 39% de los detenidos e investigados en el Estado español el año pasado eran extranjeros. El 30% de los casos investigados fueron presuntos agresores de entre 18 y 30 años y, de estos, el 92% eran hombres.
Discursos como los de Aliança Catalana “apelan a una imagen de agresor” que se sabe que no es verdad, afirma Bodelón. “El perfil sociodemográfico no tiene correspondencia cultural ni de clase, pero sí de género”, explica. Es decir, la mayoría de los agresores son hombres de entre 18 y 30 años, pero no hay diferencia entre contextos económicos, educativos o culturales.