Cuidado con la desinformación tránsfoba que vincula cirugías y suicidio en personas trans

El estudio finlandés que citan los mensajes virales no habla directamente del suicidio, y no permite concluir que el tratamiento de reasignación de género en personas trans es la causa directa de una peor salud mental

El estudio finlandés que citan los mensajes virales no habla directamente del suicidio, y no permite concluir que el tratamiento de reasignación de género en personas trans es la causa directa de una peor salud mental

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¿Qué se ha dicho?

Que las tasas de suicidio entre las personas trans aumentan después de recibir una cirugía de reasignación de género.

¿Qué sabemos?

Que el estudio referenciado analiza la prevalencia de problemas de salud mental entre los adolescentes trans, pero no contempla los motivos concretos de las consultas a los servicios de psiquiatría.

Se ha viralizado en redes y algunos medios de comunicación un estudio finlandés sobre el impacto psiquiátrico de los tratamientos médicos de reasignación de género. Algunas publicaciones afirman que el estudio ha concluido que un 10% de las mujeres trans tienen ideaciones suicidas antes de una operación de afirmación de género, porcentaje que asciende al 60% después, mientras que el 21% de los hombres trans tienen estos pensamientos antes y el 55% después de la intervención. Es ENGAÑOSO.

El artículo viral, publicado el 4 de abril en la revista Acta Paediatrica, no ha estudiado las ideaciones suicidas antes y después de las cirugías de reasignación de sexo, sino el porcentaje de adolescentes y jóvenes trans de menos de 23 años en Finlandia que han recibido atención psiquiátrica especializada antes y después de la primera consulta con los servicios especializados en identidad de género.

La evidencia consolidada apunta a una mayor prevalencia de enfermedades de salud mental entre personas transgénero que en personas cisgénero, y además otros estudios muestran conclusiones opuestas a los mensajes virales: que las transiciones de género mejoran la salud mental de las personas trans y no binarias, y otro estudio del mismo grupo de investigación concluye que «la disforia clínica de género no parece ser predictiva de la mortalidad por todas las causas ni por suicidio cuando se tiene en cuenta el historial de tratamiento psiquiátrico».

«Hacen un estudio revisado por pares y descubren algo que mucha gente sospechaba: 10% de [las mujeres trans] antes de [operar-se] son ​​suicidas y el 60% de los que [se operan] se vuelven suicidas; 21% [de los hombres trans] lo son antes [de operarse] y 55% se vuelven suicidas [luego]»

Los datos del estudio realmente dicen que un 9,8% de las mujeres trans que recibieron tratamiento habían acudido al psiquiatra antes de la primera visita con los servicios de identidad de género, y que dos años o más después de esa primera visita, el porcentaje había aumentado hasta el 60,7%. En el caso de hombres trans, la proporción pasó de un 21,6% a un 54,5%.

El estudio está basado en el historial médico de más de 2.000 jóvenes trans finlandeses que acudieron a una clínica especializada en identidad de género entre 1996 y 2019 y los ha comparado con los de 16.643 personas cisgénero, sin tener en cuenta el motivo de las visitas psiquiátricas (no distingue ideaciones suicidas de otros trastornos), ni otros factores sociales, económicos y estructurales que tienen un impacto demostrado en la salud mental de las personas, y especialmente en el colectivo trans. 

El informe no tiene en cuenta la realidad de los pacientes

El estudio contrastó el historial médico de personas que acudieron a una clínica especializada en identidad de género con el de personas cisgénero que habían nacido en el mismo año y municipio, comparando las veces que habían ido a visitarse en un servicio de psiquiatría. De ahí, extrae la morbilidad psiquiátrica de cada grupo, el porcentaje de personas que fueron atendidas por un psiquiatra antes y después de la primera visita.

“Esta comparación no incorpora factores contextuales relevantes como las condiciones socioeconómicas, el entorno familiar o la existencia de experiencias adversas previas, que podrían influir de forma decisiva en los resultados observados”, detalla a Verificat Pepita Giménez Bonafé, profesora agregada de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud del Campus Bellvitge, creadora de la asignatura Formación en Diversidad de Género: las Personas Trans.

De hecho, el estudio reconoce que haber controlado varias limitaciones, como el trasfondo socioeconómico, «que es conocido por estar asociado a la morbilidad psiquiátrica, hubiera mejorado el análisis». Giménez Bonafé puntualiza que, «aunque el estudio mejora claramente la calidad de la evidencia disponible, deja abierta la cuestión de hasta qué punto las diferencias detectadas responden a la condición trans en sí misma o a desigualdades sociales y vitales no analizadas».

También falta un análisis de subgrupos, “pues tratan a la juventud trans como un grupo homogéneo sin separar a aquellos con disforia persistente infantil, aquellos de aparición adolescente, ni aquéllos que parten de otros trastornos previos del espectro autista o del trauma», destaca Giménez, lo que impide saber para qué jóvenes la transición es beneficiosa, y para cuáles ha sido contraindicada por los especialistas del servicio.

Coincide Maria Giralt, psiquiatra especializada en Pediatría del Hospital Germans Trias i Pujol, que trabaja con niños transgénero. Ella detalla, en conversación con Verificat, que «los resultados [de la investigación] son ​​claros, pero hay que tener cuidado con cómo se interpretan». Por un lado, porque el estudio encuentra asociaciones, no relaciones causales, y por otro, porque, como explicaba Giménez Bonafé, deja muchas variables sin controlar. La experta enumera potenciales razones que podrían ayudar a explicar el aumento de visitas con especialistas psiquiátricos: una posible carencia de acompañamiento en el tránsito social, la falta de identificación de un posible trastorno subyacente, procesos fisiológicos y sociales traumatizantes, o tratamientos dejados a medias, entre otros.

Además, resalta, la investigación no estratifica ni evalúa por separado el tratamiento hormonal y la cirugía, lo que impide analizar los posibles efectos de cada aproximación.

El estudio no señala la transición como causa directa de peor salud mental

El estudio también admite que la falta de información detallada sobre «el motivo de los pacientes para utilizar los servicios psiquiátricos» limita la capacidad de sacar conclusiones de los resultados. De hecho, el diagnóstico de trastornos psiquiátricos graves es «una contraindicación para recibir tratamiento médico de reasignación de género», explica el mismo artículo y los servicios del Hospital de Helsinki, una de las dos clínicas de identidad de género de Finlandia.  

El estudio no evalúa las consultas psiquiátricas de las personas que han recibido la cirugía, pero si lo hiciera, tampoco permitiría extraer conclusiones sólidas, avisa la experta. “Un error habitual de interpretación estadística es concluir que la cirugía causa el suicidio por encontrar una tasa aumentada”, puntualiza.

El riesgo psiquiátrico grave puede existir previamente a la intervención y la situación es completamente multicausal, con factores que dañan la salud y que no cambian a pesar del tratamiento médico, como el trauma pasado, el estrés de minoría, la exclusión social u otros trastornos severos no tratados. «Cuando el cuerpo cambia, pero la sociedad sigue castigando la identidad alcanzada, el sufrimiento no desaparece», remarca la experta.

La población trans sufre una peor salud mental

En las conclusiones, el artículo menciona la disforia de género como un problema más de salud mental, en contraste con las declaraciones actuales de organismos de salud como la OMS o la Asociación Médica Mundial, que concluyen que ser trans no constituye un trastorno ni una enfermedad. El DSM-5, de 2013 (la última edición del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de referencia mundial), recoge el diagnóstico de “disforia de género”, referido a la ansiedad psicológica que sufren algunas personas trans fruto de la incongruencia entre el sexo asignado al nacer y su identidad de género. El manual, sin embargo, eliminó el “desorden de identidad de género” que aparecía en las ediciones anteriores.

En declaraciones a Verificat, Kaltiala ha defendido que su estudio demuestra que «la reasignación médica de género no resuelve los trastornos mentales graves» y que «los trastornos mentales graves requieren tratamientos adecuados en todos los adolescentes, independientemente de cómo los jóvenes experimentan su género».

Para Carmen Moreno, vocal de la junta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, las conclusiones del estudio «no apoyan que las intervenciones de reasignación de género mejoren algunos de los aspectos para los que inicialmente se pensó que iban dirigidos, como la psiquiatría, psicología». La experta recuerda que, por la naturaleza de la publicación, «no podemos avanzar causalidad», pero pide prudencia. «Cuando se valora que la reasignación de género es la mejor opción, el abordaje debe ser multidisciplinar y continuado», apunta, «hay que reforzar los recursos asistenciales para esta población», y actuar con especial prudencia cuando se trata de población con desarrollo, como niños y adolescentes.

«Los estudios que a menudo se citan provienen del ámbito de la psiquiatría clínica», contrapone Giménez. «Esto implica que parten de una mirada y de unos objetivos específicos, centrados en la salud mental y el riesgo, que no necesariamente reflejan toda la complejidad social y vital de las personas trans», contextualiza, y recomienda tener presente tanto el contexto político como la disciplina a la hora de analizar investigaciones como esta.

En línea con los resultados del estudio, que dicen que las personas trans tienen tres veces más morbilidad psiquiátrica antes de la primera cita que las personas cis, la literatura académica también apunta a una mayor prevalencia de enfermedades de salud mental entre personas transgénero. Así lo han identificado una revisión publicada en International Review of Psychiatry y un estudio de 2019 publicado en The American Journal of Psychiatry sobre la población trans en Suecia.

También el informe Transaludes elaborado en 2024 por el Instituto de Salud Carlos III reveló que el 71% de las personas trans españolas había tenido algún problema de salud mental en el año anterior a la encuesta y que más de dos tercios han tenido ideaciones suicidas. Prácticamente todas (92,4%) han sufrido algún tipo de violencia en su vida por motivo de su identidad de género y, solo en el año anterior a la encuesta, casi la mitad había recibido comentarios ofensivos o insultos, una de cada cinco había recibido amenazas y casi una de cada diez la habían agredido físicamente. 

La experiencia de la juventud trans incluye de forma generalizada adversidades relacionadas con el género, incluyendo abuso verbal, amenazas, ataques físicos y abuso sexual, discriminación, no afirmación y rechazo, destaca un estudio de 2021 publicado en Child and Adolescent Social Work Journal.

«El grave deterioro de la salud mental y física de las personas trans no se deriva [tanto] de su identidad ni del proceso médico de reasignación en sí, sino de la transfobia estructural», asevera Pepita Giménez Bonafé. Tanto los tratamientos hormonales como las cirugías tienen riesgo de complicaciones, tal como recoge la octava versión de los Estándares de Atención en Salud de Personas Transgénero y de Género Diverso, el mayor conjunto de pautas a nivel global para el apoyo sanitario de las personas trans, compilado por la World Professional Association for Transgender Health (WPATH). Sin embargo, «hay fuerte evidencia demostrando los beneficios en calidad de vida y bienestar de los tratamientos de afirmación de género, incluyendo los procedimientos endocrinos y quirúrgicos, indicados y llevados a cabo de manera adecuada […] en personas que los necesitan», detalla la guía (página 20).

Entre las personas encuestadas por Transaludes que habían sufrido violencia, el 80% afirmó que había tenido una repercusión en su vida. Dos de cada tres habían tenido diagnósticos de ansiedad o depresión y casi la mitad tuvo problemas para dormir, miedo a salir de casa o ideas de autolesión o pensamientos suicidas a raíz de las agresiones. 

Las transiciones médicas y una atención integral mejoran el bienestar

El acceso a tratamientos, cuando son adecuados y están indicados, reduce «significativamente el factor de riesgo principal de la disforia», afirma la experta, que cita varios estudios que demuestran «que el tratamiento salva vidas y actúa como factor protector» de las personas trans. Es el caso de un ensayo publicado en 2020 por la revista Pediatrics que reveló con amplia evidencia que los adultos trans que tuvieron acceso a bloqueadores de hormonas en su adolescencia sufrieron mucho menores probabilidades de ideación suicida que los que no.

En jóvenes adolescentes trans y no binarios, un estudio de 2022 elaborado por investigadores de facultades de medicina y hospitales pediátricos estadounidenses también identificó que el acceso a bloqueadores de hormonas y de la pubertad redujo un 60% las probabilidades de depresión grave y un 73% las ideaciones de suicidio en comparación con aquellos que no habían recibido ningún tratamiento.

Sin embargo, indica Giménez, «las hormonas o las cirugías no son una solución mágica: no pueden reparar una familia rota, poner fin al acoso escolar ni borrar heridas psicológicas acumuladas. Sin un acompañamiento psicosocial adecuado y un entorno mínimamente seguro, la transición médica puede resultar insuficiente para mejorar la salud mental de la persona». de abordar la realidad de las personas trans desde una mirada integral, que combine la atención médica con el apoyo emocional, familiar y social”.

Una investigadora con conflictos de interés 

La investigadora senior del estudio, Riittakerttu Kaltiala es profesora de Psiquiatría Adolescente en la Universidad de Tampere y jefe de los servicios especializados de Psiquiatría Adolescente en el Hospital Universitario de la misma ciudad. Se ha mostrado contraria a permitir el acceso a tratamientos médicos de reasignación de género en menores en varias ocasiones, incluso en declaraciones ante la Comisión de Asuntos Sociales y Salud del Parlamento finlandés en 2022 durante el debate para reducir la edad de acceso al tratamiento, según informó el medio finlandés Helsingin Sanomat.

Kaltiala declara en el mismo artículo conflictos de interés con diversas organizaciones, es decir, que un interés personal suyo puede influir en el ejercicio del trabajo profesional imparcial. Al final de la investigación, Kaltiala declara haber recibido honorarios por conferencias y/o gastos de viaje pagados por tres organizaciones que han sido señaladas por amplificar investigación con discursos contrarios a la identidad trans.  

Una de ellas es la Society for Evidence Based Gender Medicine, una organización psiquiátrica que un artículo de la Universidad de Cambridge califica de anti-trans, explicando que «no publica investigaciones propias revisadas por pares» y que se dedica a «amplificar la investigación que les da la razón»; otras organizaciones, como Trans Safety Network y Southern Poverty Law Center, también han señalado la transfobia. Riittakerttu Kaltiala participó en la conferencia del 2023 y la del 2025 de la organización y es citada en varios artículos publicados en su web.  

La autora también declara haber recibido honorarios del Observatoire la Petite Siréne, un «observatorio de discursos ideológicos sobre niños y adolescentes» que tiene como objetivo «alertar a los profesionales sobre el impacto de las redes sociales y las ideologías identitarias en la infancia y la adolescencia».