Sesgo de autoridad: famosos, ‘influencers’ y la (des)credibilidad en las redes
Las figuras públicas en las plataformas pueden influir en la manera en que percibimos la información a consecuencia del poder que les otorgamos
Las figuras públicas en las plataformas pueden influir en la manera en que percibimos la información a consecuencia del poder que les otorgamos

Nuestro cantante favorito, nuestra actriz más admirada, el deportista del momento… Siempre hemos tendido a otorgar autoridad a aquellas figuras públicas que idolatramos. Ahora bien, a veces, estas mismas figuras también se convierten en vehículos de desinformación. Así se ha evidenciado esta última semana con el caso del futbolista del Atlético de Madrid, Marcos Llorente, quien relacionó falsamente el aumento de los casos de cáncer de piel con las ventas de protectores solares.
No es la primera vez que Llorente desinforma. Anteriormente, había publicado contenido erróneo sobre las estelas de condensación de los aviones, tal como explicó EFE Verifica, o sobre una supuesta cama milagrosa que promete hacerte más joven. También otros deportistas han divulgado conspiraciones: Iker Casillas cuestionó en 2018 si el ser humano había pisado la Luna, y el tenista Novak Djokovic se ha mostrado reticente a la vacunación por la covid en diversas ocasiones, hecho que lo ha posicionado como una figura asociada al movimiento antivacunas.
A este panorama se le suman los influencers. Estas figuras también pueden ser fuente de desinformación. ¿Quién no se ha topado con el vídeo de Marina Yers y su famosa “agua que deshidrata”? Concretamente, vídeos como estos, a pesar de ser falsos, acumulan millones de visualizaciones y se comparten miles de veces. Marcos Llorente tiene 2,4 millones de seguidores en Instagram y más de cien mil «me gusta» en la publicación sobre la crema solar.
Pero, ¿qué peligro tienen estos contenidos en un contexto en el que las redes sociales son la principal vía de información para los jóvenes de entre 18 y 24 años, en el que los creadores de contenido o las personalidades individuales son una de sus principales referencias? Y, ¿por qué a menudo nos creemos lo que dicen nuestros ídolos, solo por el hecho de que lo dicen ellos?
El sesgo de autoridad: ¿por qué creemos a los famosos?
El hecho de creer una información solo por el hecho de confiar en quien la emite tiene un nombre: sesgo de autoridad. Anna Romeu, experta en inteligencia emocional y miembro de la Sección de Psicología Clínica del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, explica a Verificat que este concepto describe la tendencia a creer a alguien solo porque le hemos otorgado un cierto poder, ya sea por admiración o porque le atribuimos autoridad. “Cualquier cosa que diga”, apunta la experta, “tenderemos a creerla”.
Se trata, explica Romeu, de un mecanismo inconsciente producido por el intento del cerebro de ahorrar energía: “en una primera fase, nos resistimos a hacer todo aquello que nos supone un esfuerzo cognitivo y, si le hemos dado a alguien el poder de la autoridad, el cerebro no se planteará cuestionarlo”. Así, cada verano esperamos para bañarnos en la piscina después de comer porque desde pequeños las familias nos han advertido sobre el riesgo de sufrir un corte de digestión, aunque ha sido ampliamente desmentido, como ha hecho Newtral, miembro —al igual que Verificat— de la International Fact-Checking Network (IFCN).
Las plataformas como catalizadoras de este sesgo
La experta afirma que este sesgo se acentúa en el contexto de las redes sociales, donde la inmediatez y la producción constante de contenido multiplican la influencia de las figuras públicas. La sobreexposición a la información y a la infoxicación, junto a la necesidad de crear contenido, tiene consecuencias claras: “La gente habla de temas sin tener un conocimiento específico”. En Desfake, el proyecto educativo de Verificat, estas figuras reciben el nombre de “falsos expertos”.
Las publicaciones compartidas por individuos prestigiosos se difunden mucho más rápidamente que las de usuarios comunes, tal como evidencia un estudio publicado en Nature. Según otra investigación de la Universidad Complutense de Madrid, su estrategia se basa en proyectar autoridad, experiencia, independencia, accesibilidad y confianza sobre los temas que tratan. La familiaridad aparente hace que los seguidores perciban a estas figuras como más fiables: “Se confunde popularidad con credibilidad”, resume Romeu.
Para la experta, influencers y celebridades no solo son conscientes de su poder de influencia, sino que a menudo lo ponen en práctica. La combinación de fama, visibilidad constante e interacción directa con los seguidores, explica, hace que el cerebro tienda a aceptar sin cuestionar los mensajes provenientes de estas figuras. Así, se aprovechan del sesgo cognitivo que predispone a los usuarios a creerles sin contrastar la información.
Combatir a los “falsos expertos”
En un entorno donde los “falsos expertos” circulan con tanta frecuencia, la alfabetización mediática se convierte en una herramienta imprescindible, y el pensamiento crítico, en la clave: poner en duda aquello que leemos o vemos y contrastarlo con fuentes fiables es el mejor método para hacer frente a la desinformación. Esto implica reconocer la diferencia entre información basada en evidencia científica y mensajes construidos para generar admiración o viralidad, como se explica en el recurso pedagógico de Desfake Pilares del conocimiento. En este sentido, es clave ofrecer estrategias concretas para identificar fuentes fiables, especialmente en temas de salud, donde estudios demuestran que la información procedente de expertos acreditados influye positivamente en la manera en que las personas actualizan sus creencias sobre prácticas pseudocientíficas.
Romeu recuerda que la responsabilidad no es solo de los usuarios: “Las figuras públicas y los influencers deben ser conscientes del impacto de sus discursos y asumir un papel activo en la difusión responsable de la información”. La creación de referentes positivos es esencial, reflexiona, y los profesionales y famosos que combinan notoriedad con rigor informativo pueden guiar a los usuarios de las redes hacia prácticas de consumo críticas con la información.