El cambio climático agravó a la dana de Valencia: un nuevo estudio confirma lluvias un 21% más intensas

Después de más de un año, el estudio más preciso al respecto confirma que, sin el calentamiento global, las lluvias de la DANA de 2024 en Valencia no habrían sido tan intensas ni tan generalizadas.

Después de más de un año, el estudio más preciso al respecto confirma que, sin el calentamiento global, las lluvias de la DANA de 2024 en Valencia no habrían sido tan intensas ni tan generalizadas.

Un home al costat d’un cotxe destrossat en un carrer cobert de fang i runa a Paiporta, València, després de la DANA d’octubre de 2024 que va causar greus inundacions i nombroses víctimes.
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Con el tren de borrascas de alto impacto que ha encadenado la península ibérica este año (una decena desde principios de enero), muchas voces han salido a responsabilizar rápidamente al cambio climático. No es extraño, de hecho, que frente a fenómenos extremos proliferen en redes los mensajes que consideran la crisis climática como causa principal.

Pero como ya contamos con la DANA que afectó a la Comunidad Valenciana el 29 de octubre de 2024, aunque hay evidencia científica de que el cambio climático hace que las lluvias torrenciales sean más frecuentes e intensas, hace falta tiempo para cuantificar de forma completa el papel que juega en cada episodio concreto. Ahora, más de un año después del episodio, el estudio más preciso al respecto confirma que el cambio climático modificó la dinámica de la tormenta, con lluvias un 21 % más intensas que afectaron a un área un 55 % mayor. Te lo explicamos.

¿Qué nos dice el nuevo estudio sobre la DANA de Valencia?

Poco después del fenómeno que provocó fuertes lluvias, inundaciones y la muerte de 237 personas en Valencia el 29 de octubre de 2024, iniciativas como World Weather Attribution y ClimaMeter ya apuntaron que el cambio climático había jugado un papel importante. Estas herramientas son observacionales y de atribución rápida. Comparan situaciones actuales con otras similares ocurridas en el pasado (entre 1950 y 1987), cuando el clima estaba menos influenciado por la actividad humana, y evalúan si el episodio reciente ha sido más intenso a causa del cambio climático.

“Las depresiones similares a la DANA que causan inundaciones en el sureste de España son hasta 7 mm/día (un aumento de hasta el 15 %) más húmedas […] en la actualidad que en el pasado”, detallaban desde el informe de ClimaMeter del 2024.

Ahora, el estudio titulado “Amplificación del cambio climático inducido por los humanos en la dinámica de las tormentas en la inundación catastrófica repentina de Valencia de 2024”, que ha publicado este martes la revista Nature Communications, emplea modelos climáticos de alta resolución para analizar por primera vez el papel que desempeñó el cambio climático en la intensidad de la lluvia por horas, la extensión afectada y los mecanismos dentro de la tormenta.

«Nuestro trabajo es una atribución física al evento de la DANA de Valencia. Es el primer estudio que se mete dentro de la tormenta», detalla a Verificat Carlos Calvo-Sancho, uno de los autores del artículo e investigador de la Universidad de Valladolid y del grupo Climatoc-Lab del Centro de Investigaciones sobre Desertificación del CSIC y la Universidad de Valencia. 

Los investigadores simularon el evento de la DANA de Valencia en el clima actual y lo compararon con la simulación de 15 modelos de tipo preindustrial (1850–1879) para saber cómo habría sido la tormenta si hubiera tenido lugar en un clima no alterado por la actividad humana, explica Calvo-Sancho.

Los resultados demostraron que, en el clima actual, la atmósfera tenía mayor vapor de agua disponible (un 11,9% más de lo que hubiera tenido en la era preindustrial). Esto desató cambios en la dinámica de la tormenta, que liberó más calor (un 29,5% más), tuvo rachas de viento verticales más intensas (un 11,9% más) e incluso alteró la microfísica de las nubes. Estas diferencias, a su vez, se tradujeron en acumulaciones de precipitaciones más elevadas, una mayor densidad de valores de precipitación extremos y un área afectada mayor debido al cambio climático.

«Utilizan modelos de muy alta definición para simular cómo hubiera sido la tormenta, y este factor del cambio climático está mucho más representado», explica a Verificat Mireia Ginesta, investigadora en Oxford Sustainable Law Programme y autora de análisis de ClimaMeter, comparándolo con los estudios de atribución rápida.

En este sentido, Dominic Royé, científico del clima e investigador en Misión Biológica de Galicia – CSIC, también comenta a Verificat que los modelos utilizados en el estudio publicado este febrero tienen una resolución espacial mucho mayor y permiten cuantificar la atribución al cambio climático con mucho más detalle. “Lo diferente ahora es que han entrado en una atribución hora a hora”, describe Royé.

Todo lo que contribuyó a la DANA de Valencia

Markus Donat, profesor de investigación en ICREA y codirector del Grupo de Variabilidad y Cambio Climático del Barcelona Supercomputing Center (BSC), valora en declaraciones a Science Media Centre que “este estudio representa una contribución altamente relevante para ilustrar los procesos que amplifican los episodios de precipitaciones intensas en un clima más cálido, haciendo que estos traspasen la línea entre un evento extremo ‘ordinario’ y un desastre”.

El trabajo explica cómo “unas temperaturas más elevadas de la superficie del mar aportan más humedad a la atmósfera, y una atmósfera más cálida puede retener más vapor de agua, que posteriormente se convierte en lluvia y conlleva un incremento de las precipitaciones”, describe Donat, que también resalta la identificación de “mecanismos de retroalimentación que potenciaron el movimiento vertical del aire y la humedad dentro de la tormenta, amplificando aún más su intensidad”.

Un cambio climático complejo, y no lineal

El detalle del nuevo estudio permite determinar cómo el cambio climático influyó en la DANA de Valencia de 2024, pero no responde a si el cambio climático hizo que fuera más probable que ocurriera.

“Nuestro resultado debe interpretarse como condicional (“si un evento como las inundaciones de Valencia se hubiera producido en un clima preindustrial, ¿cómo habría cambiado?”) en lugar de afirmaciones probabilísticas sobre la probabilidad de que ocurriera”, detallan los investigadores en el mismo artículo.

Dominic Royé señala que «no es descartable» que un fenómeno como la DANA de Valencia pueda repetirse en otros puntos del Mediterráneo, pero la particularidad de la zona de Valencia también influyó en las rápidas inundaciones que se produjeron y en las consecuencias catastróficas. «Cada cuenca tendrá unas situaciones diferentes», explica.

Una de las dificultades en prever futuros episodios o determinar si son ya más frecuentes es que “el cambio climático es complejo y no es lineal, por lo que no es tan fácil decir que si aumenta una variable ocurrirá algo concreto”. “Hay que entender este comportamiento caótico, no lineal, y que tiene bastante incertidumbre”, recomienda Royé.

En las últimas semanas, por ejemplo, son muchas las voces que han atribuido la situación de este inicio de año con más de 10 borrascas seguidas en la península al cambio climático. Desde la Agencia Española de Meteorología explican en X que se debe a los bloqueos anticiclónicos del norte que han desviado las borrascas más hacia el sur, pero que estudiar la relación de este fenómeno es algo muy complejo.

“Hay que estudiar la tendencia de muchos a lo largo de largos tiempos y ver si su posición y duración muestran algún cambio en las tendencias”, señalan en la publicación.

Royé apunta que «no es la primera vez que hay una serie de borrascas como esta» (de hecho ya se ha detectado en otras ocasiones, como apunta un artículo de Difundir el clima), “sobre todo en el norte de Europa”. «Este año las borrascas han estado más en el sur, hasta Andalucía, lo que lo hace un poco más anómalo, también porque algunas precipitaciones han sido muy extremas», describe.

Así lo detalla también un nuevo análisis del consorcio de investigación ClimaMeter. El trabajo de atribución rápida (siguiendo la misma metodología que los análisis de la dana de 2024) indica que las condiciones meteorológicas observadas de la borrasca Nils de este febrero, que causó fuertes rachas de viento en Catalunya por las que Protección Civil envió un aviso ES-Alert, fueron más intensas que las de fenómenos similares ocurridos en el pasado. Concretamente, con un aumento de las precipitaciones de hasta 4 mm/día (cerca de un 10 % más), un efecto amplificado por el cambio climático causado por el ser humano.

«En el caso de la borrasca Nils, teníamos bastantes buenos análogos [condiciones meteorológicas similares en el pasado que permiten hacer la comparación], y el nivel de confianza es bastante elevado, pero depende bastante del evento», explica Mireia Ginesta, coautora del análisis.

Mitigar y adaptarnos al cambio climático

Ginesta explica que, en fenómenos como el de la DANA en Valencia, el cambio climático hace que aumente su intensidad, pero también intervienen otros factores como la vulnerabilidad de la zona, el sistema de prevención o el uso de las alertas. 

«El cambio climático nos está afectando; que vaya a más depende de nosotros, pero no se puede atribuir todo solo al cambio climático», puntualiza la investigadora, advirtiendo que creerlo puede hacer que la gente interprete que no hay nada que hacer cuando en realidad hay que entender cómo interactúan varios factores para poder mitigar el cambio climático y adaptarnos a este.

Por su parte, Royé defiende que «cualquier fenómeno extremo que sucede en el clima actual tendrá una atribución al cambio climático porque ya está sucediendo en un nuevo clima» y que tanto el sistema de las alertas o los planes de inundaciones, como el urbanismo o la gestión del agua se han pensado siguiendo las normas de un clima que ya no existe.

“El problema es que es necesario trabajar con muchísimos enfoques para disminuir el riesgo, y que el riesgo cero no existe, y también va cambiando”, explica.

Carlos Calvo-Sancho, autor del nuevo artículo sobre la DANA en Valencia, apunta que el siguiente paso es ver si los cambios detectados en su estudio «también suceden a nivel regional, continental o global», y remarca también la necesidad de «implementar estrategias de resiliencia y adaptación al cambio climático». 

“Los escenarios futuros proyectados para episodios de lluvia extrema ya se están haciendo evidentes«, concluye el estudio. «Estos hallazgos enfatizan la necesidad inmediata de acelerar el desarrollo y la implementación de estrategias de adaptación al cambio climático, mejorando la resiliencia urbana en respuesta a esta amenaza creciente, especialmente en la región del Mediterráneo occidental».