Más competencias digitales o más libros de texto: así integran la tecnología en el aula en Europa
Los países europeos despliegan diversas estrategias para incorporar la tecnología en las aulas, limitar sus riesgos y aprovechar su potencial educativo
Los países europeos despliegan diversas estrategias para incorporar la tecnología en las aulas, limitar sus riesgos y aprovechar su potencial educativo

¿Pueden las tecnologías ser aliadas o, por el contrario, afectan negativamente al aprendizaje del alumnado? En las últimas semanas, la pregunta ha vuelto a ocupar el centro del debate público en España en el contexto de unos resultados PISA poco favorables, y tras el anuncio de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, de prohibir las redes sociales a menores de 13 años.
Las respuestas están llenas de matices y no todos los países de la Unión Europea afrontan de la misma manera los retos que presentan estas tecnologías para el alumnado. En Verificat hemos publicado un repositorio digital que reúne de forma pionera los datos, estudios y consensos basados en la evidencia científica disponible sobre los posibles efectos de las pantallas y las plataformas digitales en la infancia y la adolescencia. También en el ámbito educativo.
Entre la digitalización de la educación o el retorno a lo analógico
Los países de la Unión Europea plantean el reto de integrar la tecnología en el aula desde perspectivas diferentes y, en algunos casos, opuestas, a pesar de que el Plan de Acción de Educación Digital comunitario establece un marco genérico cuya adaptación y aplicación depende de los Estados miembros. El programa traza una hoja de ruta hasta 2027 con 14 acciones que abarcan desde la inversión en infraestructuras hasta la alfabetización mediática para fortalecer el pensamiento crítico del alumnado frente a la desinformación.
España, por ejemplo, apuesta con el Plan de Digitalización y Competencias Digitales del Sistema Educativo por la «integración» de las tecnologías en los procesos de aprendizaje y docencia. Catalunya, en el contexto de unos resultados PISA 2022 poco favorables, puso en marcha en 2025 el Pla de Digitalització Responsable para promover un «uso racional» de la tecnología. La idea es seguir promoviendo las competencias digitales en los centros, pero, al mismo tiempo, mantener «un uso moderado de los dispositivos» centrado «en aquellos usos que realmente favorecen el aprendizaje».
¿Y qué hacen, por lo general, los miembros de la Unión Europea? Los planes nacionales siguen, a grandes rasgos, dos corrientes opuestas: una apuesta cada vez más ambiciosa por la digitalización, o un cierto repliegue hacia herramientas de aprendizaje tradicionales como los libros y la escritura a mano.
Estonia, líder de la educación europea según las pruebas PISA 2025, sitúa la digitalización en el centro de su programa educativo hasta 2035, y este año ha publicado unas guías para incorporar la IA en el aula. Por su parte, Finlandia, considerada líder mundial en alfabetización mediática y el segundo país de la UE en educación, también según PISA, lleva años abogando por las competencias digitales como eje vertebrador de su educación. En su programa educativo hasta 2040 contempla «avanzar en el entorno digital de aprendizaje».
Ahora bien, ambos países, a pesar de ser líderes europeos según PISA 2025, han perdido puntos en todas las competencias respecto a 2022, a excepción de las ciencias en Estonia, que han mejorado un punto.
Entre quienes dan un paso atrás destacan algunos países nórdicos, pioneros en la digitalización de las aulas a principios de siglo, que recientemente han impulsado medidas para reducir la dependencia digital y volver a introducir en el día a día el aprendizaje basado en libros y escritura.
Un ejemplo es Suecia, que lideró inicialmente la digitalización en las aulas y en 2023 reimpulsó el uso de libros y de la escritura a mano. Dinamarca también aprobó en 2024 una inversión de más de 70 millones de euros para adquirir más libros impresos como contrapeso al aprendizaje digital en las aulas de primaria. En esta misma línea, Noruega ha introducido recientemente la Estrategia para el Fomento de la Lectura (2024-2030), con la que el país invertirá casi 100 millones de euros en medidas que incluyen la compra de libros físicos y de texto, además de inversiones en bibliotecas escolares.
Artículo elaborado por Mariona Pina Herrero y editado por Marc Masip y Ruth Pérez Castro.