Desmentimos a Jiménez Losantos: ni el género es ideología ni ser homosexual te hace pedófilo
Repasamos narrativas que alimenten el odio contra el colectivo LGBTI+, algunas con décadas de historia y que siguen circulando con fuerza en las redes
Repasamos narrativas que alimenten el odio contra el colectivo LGBTI+, algunas con décadas de historia y que siguen circulando con fuerza en las redes

¿Qué se ha dicho?
Que las identidades de género y las orientaciones sexuales son una «ideología» y una «doctrina». Que las personas del colectivo LGBTI+ son más propensas a la pedofilia y a cometer abusos sexuales a menores.
¿Qué sabemos?
Que el género no es una ideología y que estudios científicos han desmentido repetidas veces que las personas homosexuales, bisexuales y transgénero tengan una mayor propensión a la pedofilia.
Este 2026, España se ha situado por primera vez en el primer puesto del Rainbow Map, un ranking elaborado por la organización Ilga Europe que evalúa los derechos y las libertades del colectivo LGBTI+ en el continente. Sin embargo, en las redes sociales siguen circulando desinformaciones sobre la diversidad sexual y de género que llevan décadas presentes en el debate público, a pesar de que se han desmentido de forma reiterada.
Con mayor o menor fuerza y viralidad según el momento, estos mensajes nunca desaparecen del todo. Solo en las últimas semanas, coincidiendo con las reivindicaciones del mes del Orgullo y la manifestación del Pride convocada en Barcelona este sábado, 18 de julio, hemos detectado centenares con millones de visualizaciones. Un ejemplo reciente es la columna del periodista Federico Jiménez Losantos publicada el 6 de julio en el diario El Mundo titulada “Orgullo pedófilo comunista y putero socialista”, que defiende que la diversidad sexual y de género es una «doctrina» y vincula el colectivo LGTBI+ con la pedofilia, narrativas basadas en informaciones falses y sin base científica. ¡Te lo explicamos!
«La doctrina queer niega el sexo biológico, dice que se puede elegir y cambiar a voluntad, embutiendo hormonas o estirando bisturí, ambos irreversibles»
Federico Jiménez Losantos
«Adiós, abuso de menores; hola, pedofilia.”
Federico Jiménez Losantos
El género no es una ideología
Una narrativa habitual es la que afirma que la diversidad de género es una posición política, tal como reflejan los conceptos “ideología de género” o “doctrina queer”. El término lo utilizan usuarios en redes, pero también partidos políticos, para insistir en que las identidades LGBTI+ no son reales, sino un sistema de creencias que se impone.
El principal argumento parte de relacionar el género con una definición binaria del sexo de las personas, definido por los rasgos genéticos, fisiológicos y anatómicos de cada individuo al nacer. Esta concepción tradicional, que correlaciona el sexo (biológico) con el género (identidad), hace décadas que se ha cuestionado desde la ciencia, como describió la psicóloga Rhoda Unger ya en 1979, contribuyendo al debate sobre el origen de las diferencias de género que se ha extendido durante un siglo. El Instituto de Medicina de la Academia Nacional de Ciencia, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos concluye que la diferencia de género no es una cuestión puramente biológica, sino que también está influenciada por la experiencia sociocultural y psicológica, como recoge esta publicación de la Escuela de Medicina de Yale.
Esta diferenciación conceptual entre el género y el sexo permite explicar que las personas se identifiquen como mujeres u hombres, pero también como no binarias; y que la identidad puede estar relacionada con el sexo asignado al nacer (en el caso de las personas cisgénero) o no (en el caso de las transgénero). Estas identidades no explican necesariamente la orientación sexual, que tiene que ver con la capacidad de cada persona de sentir atracción emocional y sexual hacia personas del mismo o diferente género.
La falta de reconocimiento de esta diversidad ha provocado una discriminación estructural contra las personas que no se identifican como hombres o mujeres heterosexuales. Uno de los avances más importantes en la defensa de los derechos del colectivo ha sido la despatologización de la diversidad de género, como explicamos en otra verificación. La homosexualidad o la transidentidad se consideraban enfermedades hasta el año 1973 y 2013, respectivamente, por el DSM, el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de referencia mundial.
En su última edición, el DSM-5, de 2013, en cambio, reconoce el diagnóstico de “disforia de género”, que define como la angustia psicológica que sufren algunas personas trans fruto de la incongruencia entre el género asignado al nacer y su identidad. La Organización Mundial de la Salud, la Asociación Médica Mundial y la Red de Psicología Internacional de Asuntos Lésbicos, Gais, Bisexuales, Transgénero e Intersexual (IPsyNet) coinciden en que una orientación sexual o identidad de género no normativa no constituye un trastorno ni una enfermedad. Al contrario, la literatura académica apunta a que el acceso a recursos y tratamientos de reafirmación de género adecuados colaboran en una mejor salud mental de las personas trans, uno de los colectivos con mayor prevalencia en este sentido.
El término “ideología de género” a menudo se utiliza en contra de las políticas inclusivas de defensa de los derechos de las personas de este colectivo, como el matrimonio igualitario, la adopción de niños por familias del colectivo, el reconocimiento legal de las identidades trans o no binarias o el acceso a los tratamientos de transición, con el argumento de que son medidas que se imponen a toda la población.
La discusión sobre el concepto “ideología de género” se remonta a los años 90, cuando se empezó a utilizar a raíz de los debates en el marco de las Naciones Unidas sobre la igualdad entre hombres y mujeres, como explica un artículo académico de 2020 en la revista Women’s Studies International Forum. Algunas organizaciones y estados, con el Vaticano a la cabeza, se opusieron frontalmente con el argumento de que ponía en peligro el modelo tradicional de familia.
Más adelante, especialmente a partir de la década de 2010, el discurso también se centra en desacreditar los derechos, la representación y la presencia pública del colectivo LGBTI+, coincidiendo también con debates históricos sobre sus derechos en el marco de las Naciones Unidas. Las autoras consideran este discurso todavía a día de hoy como “uno de los principales retos para los derechos” de estas personas.
No tienen más predisposición a la pedofilia
Los mensajes que vinculan a las personas del colectivo LGBTI+ con una mayor propensión a la pedofilia que las personas cis heterosexuales también circulan desde hace décadas, reciclando un estigma desmontado y rechazado por la comunidad médica y psiquiátrica internacional desde hace años.
Una revisión de la literatura de Gregory Herek, psicólogo de la Universidad de California especializado en el estudio de los prejuicios contra el colectivo LGBTI+, repasa décadas de estudios clínicos y concluye que la investigación no muestra que los hombres gais o bisexuales tengan más probabilidades que los hombres heterosexuales de cometer abusos sexuales a menores. En uno de los estudios que cita, por ejemplo, de 1994 en la revista Pediatrics, los investigadores revisaron 352 historiales médicos de niños abusados sexualmente en un hospital, y el agresor resultó ser un adulto gay o lesbiana en menos del 1% de los casos identificados. Herek añade que no hay investigación reciente porque “demostrar una cosa que se ha probado de manera extensa no es una prioridad para los científicos”.
En esta línea, un artículo de 2020 indica que, de hecho, se conoce “muy poco sobre la relación entre disforia de género y criminalidad”. Como explica una investigación de 2025 en Critical Discourse Studies, las acusaciones de pedofilia a las personas trans son “teorías de la conspiración” sin fundamento ni evidencias. Diseminan la idea de que permitir a los menores cambiar de género difumina los límites entre sexos y, por lo tanto, también los límites sexuales, llevando a normalizar que los menores decidan tener relaciones sexuales con adultos.
El estudio de la Fundación ANAR sobre agresiones sexuales a niños en España (2019-2023) muestra que casi 8 de cada 10 agresores (79,5%) son personas conocidas por la víctima, y que de estos, el 50% son miembros de su propia familia. En cuanto al perfil del agresor, el 94% de los agresores son hombres, mayoritariamente adultos, mientras que el 79% de las víctimas son niñas y mujeres.