Las máscaras LED no sirven para tratar todos los problemas de piel
Varias influencers recomiendan su uso diario en redes, pero estos dispositivos tienen una eficacia limitada
Varias influencers recomiendan su uso diario en redes, pero estos dispositivos tienen una eficacia limitada

¿Qué se ha dicho?
Que el uso continuado de máscaras LED está avalado científicamente y sirve para tratar todo tipo de problemas de la piel.
¿Qué sabemos?
Que la evidencia científica existente que evalúa la eficacia de la terapia con luz LED para tratar problemas cutáneos es escasa y los estudios no pueden compararse entre sí. Que las máscaras LED tienen mucha menos potencia que los dispositivos utilizados en las clínicas médicas y una eficacia limitada. Que, aunque generalmente los riesgos asociados al uso de máscaras LED son pocos, existe la posibilidad de inducir quemaduras o afecciones dermatológicas en personas con fotosensibilidad.
En las últimas semanas, revistas de moda y belleza e influencers con millones de seguidores en las redes han alabado la eficacia de un dispositivo doméstico que promete mantener la piel sana: las máscaras LED. Algunas de ellas aparecen luciéndolas mientras realizan otras tareas; otras, directamente recomiendan hacer un uso continuado como parte de la rutina diaria de skincare para tratar cualquier tipo de alteración cutánea, desde las arrugas hasta las cicatrices provocadas por una intervención quirúrgica, y aseguran que están avaladas por estudios dermatológicos.
Sin embargo, los artículos científicos sobre el tema son pocos, difíciles de comparar entre sí y ofrecen evidencia poco sólida de su utilidad, según las expertas consultadas por Verificat. Lo que más se ha estudiado es la terapia clínica con luz LED, llevada a cabo por profesionales en casos concretos para mejorar algunas afecciones de la piel, y que es más energética que la empleada por las máscaras. Sin embargo, se utiliza en combinación con otros tratamientos y presenta una eficacia limitada. Te explicamos qué dicen la evidencia científica y las dermatólogas consultadas por Verificat sobre esta tecnología y sus limitaciones.
El uso continuado de las máscaras LED está avalado científicamente y sirve para tratar todo tipo de alteraciones de la piel.
Las máscaras LED son dispositivos cosméticos que emiten luz de distintos colores –habitualmente azul, roja o infrarroja– y que se han popularizado en las redes como tratamiento para mejorar el aspecto de la piel. Según los fabricantes y publicaciones en internet, pueden ayudar a tratar problemas como el acné, la inflamación o el envejecimiento.
Aunque, debido a su baja potencia, el uso de estas máscaras no comporta grandes riesgos, pueden llegar a provocar quemaduras y ser contraproducentes en algunos casos, como en personas con fotosensibilidad. Por tanto, es muy importante seguir las recomendaciones del fabricante e informarse con un especialista en dermatología antes de su uso.
Unos efectos limitados y desconocidos a largo plazo
A menudo, las publicaciones que promocionan las máscaras LED destacan que la eficacia de esta tecnología está avalada por estudios dermatológicos. Sin embargo, la evidencia científica es limitada: los estudios disponibles son pocos, utilizan aparatos y parámetros diferentes y a menudo incluyen un número reducido de participantes y períodos de seguimiento cortos. «Todo son evidencias indirectas o poco sólidas. Cada uno utiliza energías y protocolos diferentes: no hay nada establecido”, asegura a Verificat Anna López Ferrer, dermatóloga en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. «La mayoría de los estudios disponibles están hechos a pocas semanas, con lo que el beneficio es limitado y poco conocido a largo plazo».
Además, buena parte de esta investigación se ha realizado con equipos utilizados en el ámbito médico, mucho más potentes que las máscaras LED que se promocionan en las redes. “Hay que tener en cuenta que los dispositivos de uso doméstico […] emiten una energía de luz fija, que suele ser poca”, apunta López Ferrer. En cambio, coincide Sara Gómez Armayones, dermatóloga y codirectora de la clínica Invita Dermatology en Barcelona, »los dispositivos clínicos suelen tener potencias superiores, y siempre deben estar indicados y monitorizados por el profesional médico».
En la práctica clínica, la luz LED se utiliza sobre todo como tratamiento complementario en algunas afecciones dermatológicas, como ciertos tipos de alopecia, acné, rosácea o fotoenvejecimiento, apunta Gómez Armayones. Sin embargo, ambas expertas coinciden en que su eficacia es limitada y que la evidencia científica disponible todavía es escasa y poco homogénea. «La fototerapia es una subespecialidad de la dermatología que se utiliza para muchas enfermedades, pero el LED concretamente […] tiene una eficacia limitada y, además, poco estudiada», resalta López Ferrer.
Diferentes colores y aplicaciones: ¿cuál es la evidencia?
Estas máscaras funcionan con luz LED (light emitting diode), una tecnología capaz de emitir luz de un determinado color con precisión. Por eso, suelen incluir varios colores, cada uno asociado a un rango de longitudes de onda y, según los contenidos de redes y los propios fabricantes, a posibles beneficios sobre la piel. Así, la luz azul (415-470 nm) ayudaría supuestamente a reducir el acné; la cian (490-500 nm), a calmar la piel; la verde (520-530 nm), a unificar su tono; la amarilla (570-580 nm), a reducir rojeces y la naranja (590-620 nm), a revitalizarla. La roja (630-660 nm), la más popular, se promociona con efectos antienvejecimiento, y el infrarrojo cercano (700-850 nm) aparece en algunos modelos como complemento de la roja para favorecer la regeneración de tejidos.
Sin embargo, sólo hay cierta evidencia científica para los efectos de las luces roja e infrarroja yazul. Algunos estudios clínicos pequeños (entre 35 y 60 participantes) muestran que, después del uso durante 12-16 semanas, las máscaras LED con luz roja e infrarroja pueden reducir significativamente las patas de gallo, y que la luz roja y azul puede disminuir más del 50% de las lesiones provocadas por acné leve o moderado. Un metaanálisis publicado recientemente en JAMA Dermatology confirma que, pese al número reducido de participantes y un seguimiento limitado, los estudios disponibles sugieren beneficios modestos de los dispositivos domésticos de luz LED para tratar el acné.
Algunas publicaciones científicas con experimentos realizados in vitro han llegado a proponer mecanismos de acción para estos tipos de luz. La azul podría reducir el acné actuando sobre la bacteria Cutibacterium acnes (antiguamente Propionibacterium acnes), mientras que la roja estimularía procesos como la síntesis de colágeno. Sin embargo, las expertas piden tomar estos hallazgos con cuidado. «Los efectos de los colores son más bien teóricos y poco contrastados», concluye Anna López, ya que, en muchos casos, el mecanismo exacto es desconocido y los estudios clínicos sólo evalúan sus consecuencias.
Pocos riesgos, pero existentes
Debido a que las lámparas LED domésticas tienen poca potencia, su uso no comporta muchos riesgos. “La realidad es que no vemos demasiadas complicaciones en nuestras consultas por el uso de estos dispositivos”, explica Sara Gómez, de Invita Dermatology.
Sin embargo, hay ciertos casos donde pueden ser contraproducentes. En algunas personas con enfermedades de la piel que implican fotosensibilidad, como el lupus u otras enfermedades autoinmunes, o que toman medicamentos fotosensibilizantes, la exposición a la luz LED podría inducir o empeorar los síntomas. Además, con dispositivos más potentes, existe el riesgo de sufrir quemaduras. “No olvidemos que esto es luz, y algunos están muy cerca del infrarrojo”, advierte Anna López.
El melasma es otra condición fotosensible a tener en cuenta. Aunque algunos dispositivos promocionan la luz LED amarilla para su tratamiento, no hay evidencia científica que respalde su uso. “Podríamos inducir efectos negativos más allá del mínimo efecto positivo que quizás podríamos conseguir”, añade la dermatóloga, especialmente en personas con fototipos altos (piel oscura) o en tratamiento hormonal.
En caso de duda, mejor consultar al especialista
Algunas influencers presentan las máscaras LED como efectivas y seguras, y sugieren hacer un uso continuado de ellas dentro de las rutinas de skincare, sin avisar de las contraindicaciones. Ahora bien, el manual de una de las máscaras más frecuentemente promocionadas aconseja claramente sesiones de no más de 15 minutos, entre 3 y 5 días a la semana, y alerta de situaciones en las que no deberían utilizarse, como heridas, piel inflamada o fotosensibilidad. Esto evidencia que, en muchos casos, las recomendaciones que circulan online ni siquiera siguen las instrucciones del fabricante.
Por eso las expertas aconsejan, ante la duda, consultar con el especialista. “Debemos tener en cuenta, con todo lo que tiene que ver con las redes sociales, que las personas que lo anuncian están haciendo una publicidad con la que obtienen un beneficio económico”, enfatiza Anna López.
Ver cómo no se consiguen los resultados prometidos puede generar frustración y dependencia a consecuencia de la presión estética ejercida por las narrativas de autocuidado de las redes sociales.