Cuidado con los titulares que aseguran que se ha encontrado «la cura del cáncer»

El cáncer no es una enfermedad única y, por lo tanto, no puede haber una única cura

El cáncer no es una enfermedad única y, por lo tanto, no puede haber una única cura

A radio operator check screens as radiologist Gilles Piana uses needles to inject Argon at -120° around the malignant tumour of a patient with a kidney cancer as part of a cryotherapy treatment prior to a scan on November 7, 2017 in Marseille, southern France, at the oncology and radiology unit of the Paoli-Calmette Institute, a cancer treatment center. (Photo by ANNE-CHRISTINE POUJOULAT / AFP)
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La semana pasada circularon muchas y publicaciones en redes sociales que aseguraban que un español había encontrado la cura del cáncer de páncreas. Es habitual, de hecho, encontrar titulares en Internet que presentan nuevas investigaciones como el descubrimiento de “la cura del cáncer”, y que pueden generar falsas expectativas. 

Sin embargo, ninguno de los titulares que anuncia que «se ha descubierto la cura del cáncer» es cuidadoso con cómo funciona la investigación, ni con los tratamientos. El cáncer no es una enfermedad única y, por tanto, no puede haber una única cura. 

Aunque es innegable que la investigación contra el cáncer ha permitido mejorar la supervivencia de los pacientes y sus condiciones de vida, es necesario tener en cuenta que los titulares que anuncian que «se ha encontrado la cura del cáncer» simplifican un problema muy complejo. TE LO EXPLICAMOS.

Hablar del descubrimiento de “la cura del cáncer” no es preciso

En el caso más reciente que hemos detectado desde Verificat, varias publicaciones virales aseguraban que el equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) dirigido por Mariano Barbacid ha encontrado «la cura del cáncer de páncreas». Pero no es así: se trata de un estudio en ratones que ha conseguido una regresión eficaz del tumor en estos animales.

El estudio en cuestión ha comprobado que una terapia de triple combinación de fármacos induce en ratones la regresión robusta del adenocarcinoma ductal pancreático (PDAC, el tipo de cáncer de páncreas más común y con una de las tasas de supervivencia en el cáncer más bajas) y evita la aparición de la resistencia tumoral. 

La investigación ha tenido mucho impacto en los medios y en las redes, ya que, como señala la misma publicación, «abre el camino para diseñar nuevas terapias combinadas que pueden mejorar la supervivencia de los pacientes con PDAC». Este estudio parte del reciente descubrimiento de inhibidores de KRAS, una proteína alterada en el 90% de los tumores pancreáticos. Estos fármacos, que actualmente se están probando en pacientes, son prometedores, pero han mostrado una eficacia limitada debido a la aparición de resistencias. El grupo de Barbacid propone superarlas bloqueando otras dos proteínas, tal y como explica la nota de prensa publicada por el CNIO.

Sin embargo, algunos titulares y publicaciones han hablado de esta investigación como el “descubrimiento de la cura del cáncer”, una narrativa reduccionista y simple que aparece muchas veces a raíz de investigaciones similares, pero que no se ajusta a la complejidad de la investigación contra el cáncer.

Preguntado por Verificat por si es correcto hablar de “la cura del cáncer” cuando se publica un nuevo estudio, Rodrigo Sánchez Bayona, secretario científico de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y médico oncólogo en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, señala que “desde un punto de vista científico, a menudo se considera más preciso hablar de tratamientos específicos para tipos concretos de cáncer en lugar de una “cura” universal”, ya que “el cáncer engloba más de 200 enfermedades distintas, cada una con su propia genética y comportamiento”. 

Mireia Margelí, oncóloga médica en el Instituto Catalán de Oncología (ICO)-HUGTiP de Badalona y codirectora del Programa Translacional de Investigación en Cáncer del Instituto Germans Trias i Pujol (IGTP), coincide en que anunciar que «se ha encontrado la cura del cáncer» es una situación frecuente cuando se publican artículos del cáncer, pero es incorrecto. «Nunca puede ser correcta una afirmación tan simple para un problema tan complejo», afirma en declaraciones a Verificat. 

Margelí señala que uno de los tipos de estudios que a menudo llegan a los medios son las «investigaciones de laboratorio que descubren mecanismos biológicos fundamentales», «piezas clave del conocimiento, pero no cambian el tratamiento de los pacientes al día siguiente». «Presentarlas como una cura es una simplificación que puede generar falsas expectativas en la población», destaca.

Sánchez-Bayona considera que estas falsas expectativas «no siempre se ajustan a la diversidad de situaciones que vemos en la consulta, donde lo que funciona para un paciente puede no ser aplicable a otro». Además, el oncólogo recuerda que en algunos tumores puede haber recaídas al cabo de unos años.

La investigación contra el cáncer mejora la supervivencia

En 2024, los tumores fueron la primera causa de muerte en España, según datos del INE, siendo responsables del 26,6 % de todas las defunciones, por delante de las enfermedades del sistema circulatorio (26,1 %). De hecho, se calcula que 1 de cada 2 hombres y 1 de cada 3 mujeres sufrirá cáncer en algún momento de su vida, según la Asociación Española Contra el Cáncer.

Aunque la incidencia del cáncer se prevé en aumento en todo el mundo, según la SEOM la investigación contra el cáncer ha permitido mejorar la supervivencia de los pacientes y sus condiciones de vida. 

Los datos de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN) así lo demuestran: la supervivencia a cinco años de todos los cánceres entre los períodos 2008-2012 y 2013-2017 pasó del 56,1% al 57,4% en hombres, y del 62,6% al 65,2% en mujeres. También las tasas de mortalidad estandarizadas de la Agencia Internacional por la Investigación en Cáncer de la Organización Mundial de la Salud (IARC) muestran una reciente tendencia a la baja en los cánceres con peores pronósticos, con la excepción del cáncer de páncreas. 

La evolución de las tasas de supervivencia, por eso, depende mucho de cada tipo de cáncer. Mireia Margelí explica, por ejemplo, que el cáncer de pulmón no microcítico ha mostrado mejoras de las tasas de supervivencia debido a la introducción de tratamientos combinados de inmunoterapia (como sugiere este análisis con datos de pacientes de España) y terapias dirigidas según mutaciones concretas.

«[La supervivencia en] cáncer de cuello uterino, en cambio, ha cambiado sobre todo gracias a la prevención. La vacunación contra el VPH y el cribado han reducido lesiones precancerosas y, a medio plazo, la mortalidad», detalla la oncóloga médica. Así lo confirman diversas revisiones de estudios y datos de la OMS.

Sánchez Bayona, por su parte, añade «que en patologías tradicionalmente complejas, como el cáncer de páncreas, los avances suelen ser graduales pero significativos». “Se están consiguiendo progresos en la medicina de precisión, identificando subgrupos de pacientes con mutaciones específicas que responden mejor a terapias dirigidas o a combinaciones de quimioterapia más avanzadas”, explica, valorando que “estos pequeños pasos en el conocimiento de la biología molecular del tumor permiten ofrecer opciones un poco más personalizadas y esperanzadoras que hace unos años”.

Así funciona la investigación contra el cáncer

“El progreso en cáncer existe y es innegable, pero no llega en forma de descubrimientos milagrosos. Es lento, específico, acumulativo y fruto de un esfuerzo colectivo sostenido en el tiempo”, asegura la oncóloga médica del ICO.

Eduard Serra, Investigador del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP) y codirector del Programa Translacional de Investigación en Cáncer, explica a Verificat que «la investigación es como una correa de transmisión que va desde descubrimientos básicos a una aplicabilidad al día a día del manejo del paciente oncológico». 

Según detalla una revisión publicada en la revista Frontiers in Drug Discovery, para el descubrimiento de nuevos medicamentos y tratamientos normalmente hay que pasar por 5 fases:

  1. Pre-descubrimiento: a partir de investigación básica para comprender los mecanismos que provocan las enfermedades y proponer posibles dianas terapéuticas (objetivos biológicos, como por ejemplo proteínas, sobre las que debe actuar un fármaco para producir un efecto beneficioso contra una enfermedad).
  2. Descubrimiento: búsqueda de estrategias terapéuticas que interfieran, curen o alivien los síntomas de la enfermedad investigada.
  3. Estudios preclínicos: validar la eficacia en varios modelos in vitro (células o tejidos) e in vivo (animales no humanos), investigar la toxicidad potencial y evaluar la formulación.
  4. Estudios clínicos: validar la eficacia del fármaco candidato en humanos a partir de ensayos clínicos en diferentes fases (0, I, II, III y IV).
  5. Fase de revisión, aprobación y seguimiento postcomercialización.

Pueden pasar años desde la primera fase a la última (de media una década, según recoge un libro divulgativo del CSIC), y además, sólo alrededor de un 10% de los fármacos que entran en ensayos clínicos llegan finalmente al mercado, tal y como detalla un artículo de análisis de la revista Nature con datos de 2010 a 2017.

En concreto, en cuanto a la investigación oncológica, Sánchez-Bayona explica que actualmente se centra en varios frentes complementarios que van desde buscar la curación en etapas tempranas, a buscar la cronificación de la enfermedad en estadios avanzados, con el objetivo de que el paciente conviva con la enfermedad de manera estable y con una buena calidad de vida, con tratamientos cada vez más precisos y que generen la menor toxicidad posible.

¿Qué hacer ante titulares que hablan de que se ha encontrado «la cura del cáncer»?

Margelí destaca que el valor de la investigación contra el cáncer “no está en titulares grandilocuentes, sino en pequeños avances acumulados que, con rigor y tiempo, mejoran la vida de los pacientes”.

Serra considera que, por eso, es «importante explicar que la investigación avanza rápidamente, que hay mucha gente trabajando para que esto sea así, pero que siempre será mucho más lenta de lo que la gente necesitará». 

Ante informaciones que simplifican algunos resultados y estudios, Sánchez-Bayona recomienda «fijarse en algunos detalles técnicos que ayudan a contextualizar la información». «Es recomendable observar si el estudio se ha realizado en modelos de laboratorio, en animales o en ensayos clínicos con humanos, ya que el salto entre estas etapas es muy grande», aconseja, y añade que también es útil «revisar la fase de la investigación y el número de pacientes analizados».

«A menudo, lo que se anuncia como una cura es un avance prometedor en una fase inicial que todavía requiere años de validación antes de llegar a la práctica médica habitual. O bien estudios realizados exclusivamente en modelos animales que, por muy prometedores que sean, siempre hay que ver con cautela», concluye.