España quiere prohibir el acceso a las redes sociales a menores de 16 años: ¿qué dice la ciencia?

No existe ningún estudio sobre una prohibición a gran escala, pero sí se ha demostrado una asociación débil entre las pantallas y peores indicadores de salud mental en jóvenes

No existe ningún estudio sobre una prohibición a gran escala, pero sí se ha demostrado una asociación débil entre las pantallas y peores indicadores de salud mental en jóvenes

España quiere prohibir el acceso a las redes sociales a menores de 16 años: ¿qué dice la ciencia?
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El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ha anunciado este martes en la Cumbre Mundial de Gobiernos que España prohibirá el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años e impulsará otras iniciativas, como la retirada de contenidos ilegales y de odio o la regulación de los algoritmos, para reforzar la supervisión de las plataformas digitales. El ejecutivo español se alinea así con las medidas de países como Australia, pionero en limitar la edad de acceso, y Francia, que cuenta con un proyecto de ley ya aprobado. Pero, ¿qué dice la ciencia al respecto?

La comunidad científica aún no ha estudiado los posibles efectos de una prohibición de estas características, y considera el escenario australiano como un “experimento natural” para evaluarlo. Existen innumerables estudios que han analizado la relación entre el uso de redes sociales y la salud mental, particularmente de los jóvenes, pero las síntesis de evidencia han encontrado generalmente efectos pequeños, incluso contradictorios, y que no permiten garantizar que obedezcan a una relación causal. Es decir, no hay estudios que avalen la prohibición de las redes sociales entre los más jóvenes, pero tampoco hay que apoyen su uso masivo.

En la actualidad, casi el 9% de los jóvenes de 10 a 12 años dedica más de cinco horas diarias a las redes sociales, una cifra que se duplica los fines de semana, con casi el 20% de los jóvenes, según datos de un informe de Unicef titulado Infancia, adolescencia y bienestar digital, que también evidencia que el 78,3% del alumnado de 5º y 6º de primaria ya está registrado en alguna red social.

La prohibición de acceso a menores a las redes sociales no se ha estudiado

Diversos expertos en psicología y ciencias del comportamiento explicaban a mediados de enero en Science Media Centre que las prohibiciones por edad no eran medidas avaladas por la investigación científica. Como mucho, se han llevado a cabo experimentos que evaluaban los efectos de un uso más reducido o de una abstinencia temporal, pero no de una prohibición generalizada, y los resultados, de nuevo, difieren entre estudios. En consecuencia, la idoneidad de la prohibición, muy discutida en el contexto australiano por ser el primer caso, depende de la visión de cada experto, pero no se basa en un consenso científico.

Los que son críticos con la prohibición, como Margarita Panayiotou, profesora sénior de Psicología Educativa en el Manchester Institute of Education, defienden que la medida desplaza la responsabilidad de la protección de los menores de las empresas a la sociedad. Coincide un texto de Nick Couldry, profesor emérito de la London School of Economics, y un manifiesto firmado por más de 40 organizaciones benéficas para niños, expertos en seguridad digital, expertos y familias, entre los que se encuentra Full Fact, miembro como Verificat de la International Fact-Checking Network (IFCN). Todos apuntan al modelo de negocio basado en un algoritmo adictivo como problema de base que hay que abordar.

Los expertos también señalan la dificultad de implementar limitaciones que funcionen, no permitan la entrada de los adolescentes por vías alternativas, creando una falsa seguridad a las familias y fomentando que el uso continúe sin su conocimiento, y que respeten la privacidad de los usuarios. O el aislamiento al que se puede someter a personas y colectivos cuyo bienestar depende, hasta cierto punto, de la red construida digitalmente. Así lo desgrana, por ejemplo, Emily Setty, profesora asociada en Criminología en la Universidad de Surrey, en un artículo en The Conversation, en el que alerta también de posibles consecuencias imprevistas.

También hay expertos que ven con buenos ojos la prohibición, como mínimo desde el marco teórico. Josep Maria Sueves, investigador del Behavioural Design Lab en el UOC eHealth Center, explica a Science Media Centre España que “limitar el tiempo que los menores dedican a participar en las redes sociales […] puede ser un objetivo valioso desde el punto de vista de la salud”, porque es tiempo que pueden dedicar a otras actividades como el descanso o el deporte.

El psiquiatra de la Universidad Stanford Keith Humphreys y el profesor en política pública en la Universidad de Carnegie Mellon Jonathan Caulkins, comparan la medida con las restricciones de edad en el consumo de alcohol, drogas y tabaco en una columna en The Atlantic, y concluyen que las restricciones funcionan, aunque no sean perfectas.

La ciencia no ha podido confirmar una relación de causa-efecto

Aunque todavía no hay estudios científicos de los efectos de la prohibición de las redes sociales, son muchos los que han estudiado los posibles riesgos asociados al uso de estas plataformas. En general, son moderados, detalla a Science Media Centre España José César Perales, catedrático de Psicología Experimental en la Universidad de Granada, pero destaca que “ni siquiera hay un acuerdo unánime de que este impacto exista”.

A modo de ejemplo, una revisión sistemática (una publicación que sintetiza las conclusiones de diversos estudios sobre un mismo ámbito) identificó, en el caso de las redes sociales, efectos de baja intensidad, como un aumento del riesgo de depresión y de conductas de riesgo. De todos modos, los ajustados márgenes de error no permiten extraer conclusiones seguras.

Ahora bien, “no podemos saber a ciencia cierta si, por ejemplo, las redes sociales provocan una peor salud mental, o si aquellos con una peor salud mental son arrastrados a las redes sociales”, advertía hace más de dos años a Verificat Taren Sanders, científico de datos en el Instituto para la Psicología Positiva y la Educación de la Universidad Católica de Australia, autor de la citada revisión.

Este patrón de efectos pequeños y falta de causalidad demostrada es una constante en los trabajos sobre pantallas recogidos por Verificat que, sin embargo, apuntan, en términos generales, a una asociación negativa moderada entre el tiempo de uso y los indicadores de salud mental. Así, la salud mental de los adolescentes tiende a deteriorarse a medida que aumentan los minutos que pasan delante de los dispositivos digitales, a pesar de que los efectos observados científicamente son reducidos. Entre otros ejemplos, un uso excesivo de las pantallas se ha asociado con peores resultados en la atención, y así lo evidencia una revisión del pasado octubre.

Principio de precaución ante las pantallas en jóvenes

Pero más allá de que la ciencia no haya podido establecer de forma sólida que las redes sociales tienen efectos perjudiciales sobre la salud, tampoco ha podido demostrar que no los tenga. Es en este sentido, asociaciones de familias como la plataforma Adolescència lliure de mòbils piden aplicar el principio de precaución, incluido en el Tratado Fundacional de la Unión Europea, por el que ante la falta de consenso de que una acción o política pueda causar un daño, hay que evitarla. Así lo defendieron en el Debat Verificat que celebramos en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) hace un año.

Holly Bear, investigadora del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Oxford, pone como ejemplo en declaraciones a Science Media Center los mensajes a los que los jóvenes están expuestos al consumir contenido online: “Pueden encontrarse con material potencialmente nocivo o sensible, incluyendo contenido angustiante o sexualizado, material de autolesión, acoso online, ideales corporales poco realistas y feeds seleccionados algorítmicamente que pueden amplificar la vulnerabilidad”.Las redes sociales, por ejemplo, pueden funcionar como espacio seguro para la manosfera, como ya hemos explicado en Verificat: con presión estética para las chicas o con discursos de disciplina extrema, autosuperación y éxito individual para los chicos que esconden una ideología antifeminista, neoliberal y conservadora. Además, en un ecosistema de inteligencia artificial (contenido basura generado con inteligencia artificial) se infiltra material que perpetúa discursos de odio contra colectivos, como las personas migradas o las mujeres, y sirve para reforzar narrativas ya existentes.